Los viajes son como los cuentos, se inician con cierta incertidumbre, y se finalizan con nostalgia.
Es muy difícil ubicar el momento en que realmente se inicia un viaje, quizá porque nuestro existir es un largo trayecto de ida
que comenzamos al nacer y termina cuando cruzamos al otro lado de la raya que marca el límite de la vida…
En este blog quiero recordar mis viajes pasados así como contar los presentes.
Intento andar por el mundo, mirando la vida
cómo si de un libro se tratara, recolectando trazos de
historia apuntando aquello que se te escapa de los ojos, buscándome y encontrándome en los rostros y en el corazón de los pueblos que visito.
Maria Manderly

14/7/15

Egipto: Un sueño largamente acariciado


Hace más de dos mil años el historiador griego Heródoto ya lo dijo: "Quien no ha visto Egipto no ha visto el mundo. Así que partimos en pos de ese  mundo y de este sueño…
En busca de  leyendas, de Dioses y de  grandes faraones, mi prima Loli y yo, nos embarcamos en un crucero por el lento fluir de ese gran río que abre una fértil brecha en pleno desierto, el Nilo.                                                                                            
Un  avión nos llevo  desde España  a  Luxor  el último lunes de un mes de junio caluroso y seco. Apasionadas desde siempre  por la historia y el arte, navegar por el gran río de África nos resulto  imprescindible para aprehender la magia atemporal del país.

Desde que subimos a bordo del barco y recorrí con la mirada el ancho Nilo, quede prendida en los palmerales de la orilla, cuyo verdor contrastaba con el ocre de las arenas que se extendían a ambos lados de las aguas, es un contraste arrebatador. Intuía  atardeceres plácidos llenos de luz y la gozosa sensación de estar cumpliendo un sueño acariciado durante demasiado tiempo.
 

No pude dejar de pensar en como serían estos parajes en el siglo XIX  apenas descubiertos, para aquellos intrépidos viajeros que se aventuraron por estos arenales en pos del sueño de África. Incluso a primeros del siglo XX.                
No me hubiera importado, que como aquellas damas de siglos atrás,  arribar  a bordo de una decrépita faluca con su vela latina henchida por el abrasador viento del desierto. O acercarme desde el sur a lomos de un dromedario con la cabeza tapada por un turbante y el silencio como único compañero. Nubia a la espalda y Egipto al frente. No se le podría pedir más a un viaje. Carter o Loti lo hicieron. Y el Zar Nicolás o el Aga Khan también.                                                   
Pero  hoy el tráfico de la ciudad hace más aconsejable medios de transportes menos poéticos y mejor acondicionados, como los que nosotras tomamos.   Egipto es un país único, un país que nos ofreció algo que no nos fue posible encontrar en ningún otro lugar de la tierra que ya habíamos visitado.
 
Egipto es el don del Nilo,  el  mítico país que alumbró hace 6000 años al amparo de tan inmenso río, la civilización más culta, religiosa y exquisita de nuestro planeta.
Por aquellos tiempos, la anhelada eternidad impulsó a los faraones de las primeras dinastías a levantar para su reposo imponentes complejos funerarios presididos por colosales pirámides, únicas maravillas del mundo antiguo que todavía permanecen prácticamente inalterables después de más de cuatro mil años.

Tan llamativos como las pirámides son los solemnes templos que jalonan la trayectoria del Nilo, algunos de ellos moradas de dioses.
Así que cuando  llegamos ya entrada la noche, nos embarcaron en el Kon Tiki  que estaba atracado en el puerto de Luxor y pudimos ver la magnífica iluminación que tienen los monumentos desde un camarote lujoso, fresco y cómodo.

Subiendo  por la pasarela de embarque, nos llega la fuerte voz del Muecín que resuena entre los acantilados rocosos, un sonido ancestral que no tiene final, que recorre las dunas de arenisca, que sube por las palmeras polvorientas, que se introduce en los templos y penetra en los oídos de todos los que estamos allí. El vello de los brazos se me erizaba al escuchar la llamada a la oración  repetida incansablemente durante tantos siglos….Entre eternidad  agua y  desierto.



Pocos escenarios resultan tan sorprendentes como el que descubrimos al subirnos a estas motonaves.
Éstas monumentales moles acuáticas que surcan el  Nilo esconden en su interior algo que quizás nunca nos  imaginamos… Un lujo que al propio Titanic le hubiera gustado tener.

Así fue como  iniciamos nuestro recorrido  en Luxor, navegando hasta  Asuán, y eso nos permitió  descubrir a lo largo de la travesía de poco más de 200 kilómetros los tesoros arqueológicos de las dos orillas,  la de Tebas (Karnak, Deir el Bahari, Valle de las Reinas…) y los templos de Edfu, Filae y Kom Ombo y desde aquí, un vuelo domestico de corto recorrido nos hizo  llegar hasta Abu Simbel, y finalmente  al Cairo.  Os cuento como fue.

El crucero
Nuestra primera escala la hicimos en el valle de los reyes. A las 5 de la mañana el calor  era sofocante, después de  poco más de cinco horas de sueño  y un  desayuno  de lujo, un autocar nos traslado a ese lugar.
Os vemos allí
En las sierras que se encuentran al sur de Tebas se abren un sin número de valles que se convertirían en una inmensa necrópolis, ya que cuando las dinastías que desde el 1530 a.C.  Iniciaron su andadura, comprobaron con desolación que no había en Egipto una sola tumba regia que hubiese escapado a la rapacidad de los saqueadores. Ante esta situación, Tutmés I  tomó una medida revolucionaria: tener una tumba secreta, separada y distante del templo funerario.
Así se inauguró, en una tórrida garganta de la Montaña Tebana, bajo la sombra del picacho llamado El Cuerno, el célebre Valle de los Reyes, que había de albergar las tumbas de todos los faraones de las siguientes  dinastías. La única garantía de seguridad que ofrecía el Valle era la de que al estar juntos todos los reyes, se podía mantener en él una guarnición que los guardase a todos, en vez de tenerlos diseminados al borde del Nilo como ocurría antes.

 Por eso aun numerosas tumbas de faraones egipcios enterrados desde hace 3.000 años permanecen ocultas en este Valle, esperando la hora de su descubrimiento. Sus ásperos acantilados impresionan tanto como las sepulturas, entre las que destacan por sus dimensiones originalidad y ornamentación, la de Seti I y la de Tutmosis III. Visitar estas tumbas o cualquier otra es una experiencia sobrecogedora porque nos invade la sensación de haber profanado el espacio sagrado que protegió el descanso de sus moradores. Contrasta el inhóspito entorno con la opulencia de las criptas.

Te sientes transportada a tiempos remotos al bajar a los sepulcros expoliados pero impresionantes en su desnudez, con sus jeroglíficos y dibujos policromados en las paredes de las tumbas visitadas.
Sientes el peso de las creencias de aquellos lejanos pobladores del Nilo.

De todas ellas a mí me gusta especialmente la del faraón Tutmosis III  por ser de las más antiguas con una estructura de excavación en la tierra que la hace un tanto especial.
Se trata desde luego de una tumba no apta para claustrofóbicos, emociona ver de cerca sus pinturas, después de controlar unos minutos las pulsaciones, uno se encuentra ante una maravilla difícil de olvidar.

Una vez terminada la visita, nos dirigimos en autobús de nuevo hacia el templo de Hatshepsut, única reina que ostentó título de faraón, hija de Tutmosis I, quien reinó Egipto a lo largo de 20 años durante la dinastía XVIII (1490 - 1469 a. C)  Se trata de un templo aislado , muy cerca del Valle de las Reinas.
La imagen desde la lejanía es impresionante, y el templo esta muy bien conservado, salvo que cuando la reina-faraón murió intentaron borrar su imagen de todos los sitos, de ahí las picaduras de los jeroglíficos y las pinturas.
El diecisiete de noviembre de 1997 murieron 58 turistas y 4 egipcios en un atentado perpetrado en esta misma explanada.

Caminando hacia el templo te das cuenta de lo grande que es,  del calor que hace.... y de lo lejos que queda.

No exagero al decir que el rey sol se abatió sobre mí como una maldición, sin ninguna piedad haciéndome tener un  malestar que me dejo durante unos minutos sin conocimiento.
Este Templo de Hatshepsut está situado en la Orilla Occidental del Nilo, frente a la ciudad de Luxor, en el sur del país.
 Es único en su género. Diseñado por el arquitecto Senemut, está construido en forma de amplias terrazas, con edificios porticados y patio de columnas que se integran magistralmente con la escarpada ladera de la montaña que se sitúa tras él, logrando una espectacular escenografía.
Las tres plantas superpuestas del santuario, excavado hace 3500 años en una de las paredes rocosas del Valle de las Reinas, ofrecían un espectáculo
Incomparable. A pesar de la enorme destrucción y saqueo que sufrió el sitio a lo largo de tiempo, aun existen muchas esculturas en la segunda terraza que representan a la Reina y al dios Amón-Ra. La ubicación del templo, al pie de unos elevados riscos de roca desnuda, le proporciona un marco increíble y que resalta la grandiosidad buscada por sus constructores.

Perviven en su interior algunos relieves que relatan el nacimiento de la reina, su coronación y las expediciones comerciales que promovió.
El calor a esa hora de la mañana era sofocante, cualquier sombra era bienvenida
Y nuestro próximo  destino estaba a menos de 5 minutos en bus: los Colosos de Memnon
Hace 3.200 años la tierra tembló en la antigua Tebas. La convulsión causó una escabechina en el templo de Amenhotep III, el más extenso e imponente de todos los templos conmemorativos que salpicaban la orilla occidental de la actual Luxor. Cientos de esculturas, retratos del faraón, su estirpe y sus deidades más queridas, se despeñaron vencidas por la sacudida. Solo permanecieron en pie las moles del faraón que flanqueaban la entrada al complejo, los Colosos de Memnon.
 
Estos Colosos son dos estatuas gemelas que representan a Amenhotep III en posición sedente. Sus manos reposan en las rodillas y su mirada se dirige hacia el Este, en dirección al río Nilo y al sol naciente. Las estatuas están talladas en bloques de cuarcita.       

La función original de estos colosos de unos 18 metros de altura fue la de presidir la entrada al complejo funerario de Amenhotep III: un inmenso centro de culto, construido en vida del faraón, en el que se le adoraba como al dios en la tierra. En esos días, el complejo del templo era el mayor y más espectacular de todo Egipto. Ocupaba un total de 35 hectáreas. Incluso el Templo de Karnak era menor que el conjunto funerario de Amenhotep. Hoy en día, sin embargo, quedan pocos vestigios del templo.

Un viajero, a principios del siglo XIX, David Roberts pintó en su viaje al antiguo Egipto aun escondido entre las arenas. Os aconsejo mirar  las láminas. Ese es el antiguo Egipto del que se enamoró todo el mundo…Y del que me enamoré yo.

El historiador y geógrafo griego Estrabón explica que el terremoto dañó a los colosos. Desde entonces se decía que las estatuas “cantaban” cada mañana al amanecer, concretamente, la estatua situada más al sur, dando  lugar a la leyenda que nos dice que este coloso era la imagen del mítico guerrero Memnón, un héroe griego de la guerra de Troya, rey de Etiopía e hijo de la Aurora, muerto en un enfrentamiento con Aquiles, y cada mañana saludaba con un gemido la aparición de su madre por el horizonte.
Hoy, la explicación es que el cambio de temperatura, al comienzo del día, provocaba la evaporación del agua, que al salir por las fisuras del coloso producía el peculiar sonido. El emperador romano Septimio Severo nos privó de este fenómeno al restaurar la estatua en el siglo III d. C
Cuando de sucesos extraños se trata, nos movemos siempre impulsados por la poesía y la fascinación, y queremos encontrar y explicar los hechos con leyendas que se acrecentaron en boca de los poetas griegos. Y las creencias populares; la fuerte religiosidad del antiguo Oriente, hizo ver a los Colosos como el símbolo del amor entre una madre y su hijo, y así, durante siglos, se recogieron a sus pies cientos de escritos de quienes a ellas iban a orar.

Después de una ultima mirada a estos impresionantes colosos,  subimos en unas barcas  muy decoradas y festivas que nos llevaron a la orilla opuesta del Nilo al encuentro de los templo de Luxor y de Karnak.

Luxor  significa ‘palacios con mil puertas’.
El Templo está situado en la orilla este del Nilo en la ciudad de Luxor, la antigua capital faraónica conocida como Tebas, al sur del país.
El Templo de Luxor es uno de los sitios que más llama la atención.
Este templo se construyó entre los años 1400 y 1000 a.C., tiene una altura de 260 metros de largo y está dedicado al dios del viento  ‘Amon’ el dios carnero.   es el más elegante de los edificios faraónicos, fue construido bajo Amenofis III y ampliado por otro gran constructor, Ramsés II.
 

En la fachada, se pueden ver los obeliscos (falta uno de ellos, el que Mohamed Alí regaló a Francia en 1836 y que hoy se encuentra en el centro de la Plaza de la Concordia de París) y sobre todo destacan los soberbios  colosos. Con sus 260 metros de longitud, es uno de los restos arqueológicos mejor conservados del Nuevo Imperio, pese a que la crecida del río haya dañado gran parte de su arquitectura. Se recomienda visitarlo de noche cuando las luces hacen relucir aún más sus impactantes rincones.
En el interior es uno de los templos más espectaculares que tiene Egipto y el más destacado de la ciudad que le dio nombre  “La antigua Tebas”  Se construyó como una forma de consagrar el culto del dios Amon-Ra. El primero de los faraones fue el encargado de construir su interior y el segundo su exterior.
Sus descomunales proporciones, estatuas conmemorativas de serena hermosura, obeliscos y salas hipóstilas  son tan desmesuradas como las de Karnak, con más de un centenar de columnas que superan los 20 m de altura y 10 m de circunferencia, son tan imponentes como los santuarios de Abu Simbel levantados en la región de Asuan para Ramsés II  y su esposa  favorita Nefertari que veríamos algunos días después.

 
Bajo esta moderna Luxor yace Tebas, la ciudad que fue, durante más de 2.000 años, el centro religioso del Antiguo Egipto y una de sus más importantes capitales.
 Hay registros del paso de Alejandro Magno, que lejos de intentar imponer su religión, respetó e incluso participó de los ritos egipcios. Todo lo contrario que hicieron los cristianos, que se montaron una iglesia en el interior borrando relieves para pintar imágenes cristianas.
Las sorprendentes dimensiones del área abarcan poco más de un kilómetro de superficie, y en la antigüedad se accedía a los recintos por medio de un canal artificial que unía el río Nilo con el embarcadero.

El Templo de Luxor y el Templo de Karnak están separados únicamente por tres kilómetros, hace muchos años se encontraban comunicados por la Avenida de las Esfinges. En la actualidad solo se puede ver el inicio de esta avenida.

Avanzando por la famosa Avenida de las Esfinges, El complejo de Karnak “aldea amurallada”, en el dialecto árabe actual, es uno de los mayores conjuntos sagrados del mundo y acoge el templo del dios Amón. Un dato: en el acceso por la Avenida de las Esfinges se ven 40 esculturas con cabeza de carnero.

Lo más espectacular del templo es su sala hipóstila, una de las más grandes creaciones de la arquitectura egipcia. En esta gigantesca sala  dicen que podría albergar la catedral parisina de Notre Dame y yo no lo pongo en duda.

Una termina sitiándose  como  Gulliver en el país de los gigantes.

Este pétreo bosque encantado, de columnas, sobrecoge, primero por su belleza, después por su descomunal y soberbia grandiosidad. Alberga 134 columnas, de las que las 12 centrales son más anchas y elevaban el techo, ahora destruido, a 23 metros de altura totalmente grabadas.
Estar debajo me produjo una sensación de agobio y estrechez que llego a hacerse angustiosa cuando cualquier grupo de personas se ponía en movimiento.  La proximidad de las paredes y el hecho de que éstas se encuentren materialmente cubiertas de figuras, ornamentos y jeroglíficos, tanto si se trata de muros como de columnas, hace que te encuentres preso en la tela de araña de un mundo de fantasía que debía resultar alucinante en aquel entonces, cuando el color que animaba a aquellos elementos conservase su fuerza original. De este modo el espectador quedaba incorporado a ese mundo, fascinado o desconcertado por él.

La importancia adquirida por Tebas durante el Imperio Nuevo, como capital de Egipto y de sus vastos dominios asiáticos y africanos, hizo del santuario de Karnak el principal centro religioso y cultural del país. Karnak es un conglomerado de pílonos, puertas, patios, explanadas, pórticos, salas hipóstilas, templos auxiliares, capillas, obeliscos, escaleras, corredores, celdas, pasadizos y recovecos sin fin, a los que sólo el faraón, los sacerdotes y el personal auxiliar del templo tenía acceso. Este laberíntico complejo responde a la idiosincrasia del egipcio antiguo, maestro en el arte de enfrascarse en los misterios del Más Allá, del origen del mundo y de la naturaleza de los dioses. Su "Libro de los Muertos" es uno de los intentos, quizá el más logrado, de suministrar al hombre un mapa del otro mundo.
Es muy recomendable visitar estos templos llegada la noche ya que la iluminación hace que todavía sean mucho más misteriosos. Era difícil escapar al hechizo que hacia en nosotras estos templos tebanos de Luxor y Karnak dedicados a Amón, Mut y Khonsu.  Y desde allí volvimos al barco para almorzar.

Los  camareros  ya  esperaban nuestra llegada y ayudándonos a embarcar por la pasarela  agradecimos  el detalle de los refrescos y las toallas húmedas y perfumadas  con las que nos obsequiaron, porque un calor de fuego  llegado del desierto comenzaba a apretar sin que nosotros hubiéramos sido conscientes. Después de una  ducha y la deliciosa comida teníamos la tarde libre y  por primera vez en todo el viaje aprovechamos para descansar y explorar el barco.
 A las 5 de la tarde  la llamada de  una campana  desde el puente de mando, nos anunciaba que servían té  café y pastas en  cubierta, relajadas en una tumbona veíamos como nuestro crucero por el Nilo seguía  suavemente su curso. Flanqueado por fértiles tierras que preludian más allá la inmensidad del desierto, ante nosotros se iban sucediendo los imponentes restos monumentales de aquel enigmático imperio.
Se puede observar claramente porqué la prosperidad de Egipto se concentra  en torno al Nilo, más allá de lo verde, reina el desierto...
La vida brotaba a cada instante, niños saludando desde el agua, campesinos con sus  búfalos  en los campos, y garzas en los juncales.
Desde la proa del barco, sentadas en cubierta, con el té en la mano, viendo el Nilo discurrir como lo hacía miles de años atrás, nos sentíamos auténticos faraones.

 En la Esclusa de Esna 

Navegábamos rumbo a la  ciudad de Esna que se encuentra en la ribera del Nilo a unos 55 Km.  Al sur de Lúxor. La esclusa  situada junto a la ciudad es paso obligado para salvar el desnivel de unos diez metros.
 Cuando llegan los barcos la esclusa obliga a parar en espera de turno. En nuestro caso  tardamos varias horas en pasarla debido al gran número de cruceros que subían y otros que bajaban. Por aquí circulan diariamente unos 700 barcos.  Es  el momento cuando  los vendedores de chilabas acuden a decenas alrededor, lanzando la mercancía,  lo que  hace la espera más divertida y pintoresca  tratándose de "tiendas flotantes”.
 -señoooora, señoooora!! ¡¡hoola, hoola, Pepsi cola! chilabas, mantas, manteles, hay que reconocer que es todo un espectáculo, chilaba para arriba, -no me vale otra talla mas grande, chilaba para abajo, con una habilidad impresionante ninguna caía al agua,  el regateo, la caza al vuelo de la prenda voladora, la charla con los vendedores es un rato muy agradable.
 Los barcos se van juntando y el espacio se  va reduciendo.
 
Las pequeñas embarcaciones se iban  alejando poco a poco en el calor del atardecer, y  te das cuenta, mirando más allá del  horizonte, que es en el lento fluir de este gran río, que la belleza colosal de los templos faraónicos le confieren al concepto de eternidad su sentido más plástico.  Nuestro lento avance hacia la esclusa seguía curso, la tarde caía sobre el desierto y el Dios Ra  “hombre con cabeza de halcón sobre la cual portaba el disco solar” nos seducía con una puesta de sol espectacular.
Poco a poco el silencio se acunaba en el ocre del crepúsculo, el sol comenzaba su descenso escondiéndose detrás de las arenas del desierto, y como en un hechizo  nos llego  la llamada a la oración que el muecín hacia desde el minarete de una lejana mezquita.
La brisa sobre la cubierta del barco dejo de ser tan sofocante.  La cegadora claridad se transformo en una acogedora luz anaranjada... El río Nilo siguió su fluir tranquilo, los palmerales se pusieron su pijama, se despojaron de su verdor para no ser más que oscuras siluetas inmóviles que contemplaban a garzas e ibis volar sobre ellos
Alrededor de las 10 de la noche me llamo mi prima para subir al puente y en compañía de los amigos  íbamos viendo avanzar la nave por el estrecho canal que se iba poco a poco llenando de agua. La esclusa de Edna  supera una altura de 7 metros y medio y entran en ella dos barcos cada veinte minutos aproximadamente. Eso hace eterna la espera.
Pasamos por las esclusas  que vienen siendo  una especie de ascensor a barcos para poder remontar el rio y su presa algo parecido al canal de Panamá pero en pequeñito. Fue curioso  ver como un barco de muchas toneladas se levantaba varios metros de altura en pocos minutos y seguía luego navegando por el mismo rio como si no hubiese  pasado nada, y eso simplemente con la fuerza del agua, sin ayuda de motores.                     
Templo de Edfu.

El barco durante la noche nos había traslado hasta Edfu y con la luz del amanecer desembarcamos. La calle es el muelle y una hilera de vendedores nos acosan con su mercancía.
Alineadas en el paseo esperan las calesas para llevarnos al templo de Horus. Atravesamos Edfú  al trote por sus estrechas calles donde abundan grupos de hombres sentados ante los cafés. Escenario perfecto de película colonial.  La calesa mete miedo, se menea para todos los lados, vamos cuatro personas y en la larga fila que seguía  la nuestra las risas estaban aseguradas.
Tras un breve recorrido aparece frente a nosotros el Templo de Edfu.
Horus, el halcón, era hijo de Osiris (el Sol) y de Isis (la Luna). En su recorrido por el día aseguraba la buena marcha del mundo, pero al llegar la noche se retiraba  aquí, a su morada nocturna al fondo del santuario que era sellado por los sacerdotes con un ritual hasta el nacimiento del nuevo día.

En él se conservaba un halcón sagrado que sólo se mostraba al pueblo los días de fiesta. Este es el templo que mejor se conserva de todo Egipto.  En el momento de nuestra llegada, el Sol inundaba  ya los muros  resaltando sus inscripciones y decorados con escenas de prisioneros de guerra y entre ambos macizos se encuentra la figura de Horus con forma de halcón con un disco solar.
Allí estábamos, de pie, casi sin poder articular palabra, pensando aún si aquello era real o simplemente un sueño.
Nosotros avanzábamos hacia la entrada del templo y al llegar frente a la explanada que da acceso al lugar, aparece ante nosotros el pilono de 36 m, altísimo, magnífico, y nuevamente nos miramos entre nosotras para cerciorarnos de que, efectivamente, estamos allí.
Os dejo unos grabados del  viajero ingles David Roberts  y de cómo los encontró.

“El 24 de Agosto de 1838 David Roberts atracó en Alejandría, donde alquiló el barco que utilizó durante toda su estancia. Con un equipo de 8 hombres  remonto el Nilo hasta llegar a Karnak,  Abydos, Philae, Edfú   Dendera y muchos más.  Roberts fue subestimado posteriormente y sus obras parecieron pasarse de moda. Actualmente han recobrado valor en el mercado del arte, gracias al coleccionismo surgido en los países árabes por el petróleo.”
El Templo de Edfu pertenece a los de mayor tamaño, iniciado en el 1350 a. de C., fue abandonado a causa de algún terremoto u otro tipo de desgracia quedando inacabado, pero hacia el 237 a. de C., los faraones Ptolemaicos lo reconstruyeron para darle e incrementarle todo el esplendor que merece un templo dedicado a Horus. Posee un alto valor histórico, ya que es uno de los pocos lugares que se nombran en los acontecimientos de la Leyenda de Isis, Horus y Osiris.
La leyenda cuenta que Osiris y su hermana Isis representaban al bien, y su hermano Seth al mal. Osiris era el hijo mayor de los dioses, por lo tanto el favorito. Debido a eso su hermano Seth se moría de envidia, por lo que un día decidió asesinar a su hermano mayor, para así gobernar sobre Egipto. Por suerte la esposa de Isis logró resucitarlo, y luego debieron escapar hacia Philae, una isla en la que se refugiaron para así poder criar tranquilos a su hijo Horus. Luego de varios años, cuando Horus ya había crecido, desafió a su tío y lo venció en una intensa batalla que se sucedió en Edfu,  de la cual tomo el poder y gobernó al pueblo egipcio.  “-Bueno todo un follon familiar “

Edfu posee unos excelentes patios, santuarios, etc. Luego del primer patio hay una segunda fachada. En las paredes se observan unos magníficos sobre relieves dignos de admiración. Tiene dos salas de columnas cuyos capiteles son todos distintos.
Ahora es el momento de perdernos un poco entre el inmenso silencio del Templo.

El santuario está situado en el corazón del centro del templo, el habitáculo es más pequeño ya que el techo es más bajo y el suelo algo más alto hasta llegar al sancto sanctorum donde era depositada la estatua de Horus sobre un naos de granito "vivienda de los dioses". Hasta que al día siguiente el gran sacerdote tras un ritual abría las dos puertas para que Horus en forma de disco solar recorriera su camino diario y repartiera buenas acciones protectoras sobre la tierra.
Estos templos, son grandiosos y en este se aprecia más aún la disposición de las salas con una iluminación muy lograda que le da una tonalidad dorada, sus patios interiores, las salas de ofrendas.  Es una lástima que el techo esté manchado con hollín, nos contaba el guía  que eso fue a causa de que estuviera enterrado en la  arena  más de la mitad, entonces el techo quedaba cerca del suelo y los pastores o tribus que andaban por allí lo usaban de refugio y hacían fuego.

En una de sus salas interiores se encuentra una réplica de la barca sagrada de Horus. Y esa forma  tan peculiar  en que penetra la luz creo que fue una de las cosas que más me fascinó, tenían varios sitios donde entraba por algún espacio. Cuentan que antes había piedras de alabastro donde llegaba el rayo de luz, de manera tal que se iluminaba toda la habitación… ¡Tuvo que ser espectacular.
El dios halcón Horus, con rostro serio y en posición de firme como un soldado, recibe a los visitantes en la puerta de su templo.  

En sus paredes altísimas, se pueden leer leyendas míticas que encierran años de historia. Una obra maestra completa. Aunque algunas de las inscripciones de las paredes se encuentren un poco deterioradas conservan su significado y su silueta. La antigua religión cristiana de Egipto, más conocidos como coptos, se cree que fueron los causantes de estos deterioros, ya que no toleraban los desnudos ni la idolatría.
Decimos adiós a Orus  prometiéndole que un día , no muy lejano volveríamos. Y nos dirigimos nuevamente a las calesas para regresar al barco donde nos esperaba el almuerzo. Desde cubierta Contemplamos cómo el navío remontaba la corriente con suavidad rumbo  a Kom-Ombo.  
Templo de Kom Ombo, o el dios cocodrilo Sobek.
En  uno de los más atractivos paisajes del Nilo, se encuentra  Kom Ombo.  Vislumbrarlo desde el barco, es un espectáculo. Impresiona la cantidad de barcos atracados en su pequeño puerto. Los ponen unos al lado de  otros, y nosotras íbamos atravesándolos con ayuda de la tripulación, uno a uno, transversalmente, para desembarcar y embarcar. Cosas de los egipcios.
Este  insólito templo  estaba consagrado a dos divinidades: Horus el Grande y Sobek, el dios de cabeza de cocodrilo.
Desembarcamos en el muelle y andando a pocos metros subiendo  por unas escaleras donde vimos las más pintorescas escenas de un bazar multicolor, se encuentra este templo, está en ruinas, pero resulta imponente, especialmente por su ubicación, que lo hace destacar al lado del Nilo.
Fue excavado por Jacques de Morgan hacia 1893. Es un edificio inusual, completamente simétrico, con dos entradas, dos salas hipóstilas y dos santuarios. Esto se debe a que está dedicado a dos dioses: al dios halcón Haroeris (Horus el viejo o el grande) y el a Sobek, divinidad local con cabeza de cocodrilo.
Columnas enormes con capiteles lotiformes abiertos preceden a la sala hipóstila. En esas columnas, las figuras aún guardan algo de policromía, lo que emociona a cualquier visitante. En algunas de ellas comienza a aparecer un Dios que no hemos tenido la oportunidad de ver a menudo en otros templos. Es Sobek, el Dios Cocodrilo.
Los cocodrilos  abundaban en esta zona del Nilo, por lo que los antiguos egipcios debieron divinizarlos. Ello se hace patente en una buena parte de las paredes del Templo levantado en el año 1350 a. de C. se pueden aun contemplar en varias urnas algunas momias de estos reptiles.   Quede fascinada al ver  la primera ilustración de la cirugía y de instrumentos médicos plasmada en la cara interna de la pared trasera del templo. Y varias  representaciones de bisturís, sierras, huesos, herramientas dentales y demás artículos relacionados con la medicina.
Más  adelante vimos también  las figurillas de las mujeres pariendo en una silla y todos los instrumentos quirúrgicos que se usaban para ello en la época. Son sorprendentes porque no difieren en mucho de los que se usan actualmente.
También hay que hacer referencia al Nilometro. Se trata de un pozo que con un mes de anticipación determina la crecida del río. Estos datos eran usados por los agrimensores egipcios para determinar los terrenos que fertilizaba el limo del río y cobrar los correspondientes impuestos de las cosechas conseguidas. Posiblemente en el pozo abundaran los cocodrilos  y algunas malas lenguas lo atribuyen también a sacrificios humanos en honor a Sobek.
Hay una bonita  capilla de Hator la diosa gato.
Napoleón sufrió aquí una gran derrota y el templo quedó parcialmente destruido. Es cuando te puedes detener en recrear tus ensoñaciones de días de glorias pasadas en estas tierras milenarias.
Volvimos al barco, no sin  antes detenernos  a comprar en  los tenderetes del muelle algunos regalos  para los familiares y chilabas para la fiesta que tendría lugar en el crucero, por la noche, al llegar a Asuan.
 
Sentadas a bordo disfrutábamos  de la brisa que recorría  y rizaba las aguas,  y del   silencio  roto de vez en cuando por los ladridos de un perro que nos llegaba desde la orilla.                                                                                                                  
El lento avance  del barco nos permitía  ver  los hoteles y mansiones que bordean las orillas del río. En lo alto de la colina destacan las evocadoras vistas del hotel  Old Cataract Aswan, erigido en 1899  en el que la mismísima Agatha Christie escribió parte de Muerte en el Nilo.
Este  fue el primer gran hotel de Egipto y quizás uno de los primeros de toda África. Y sobre todo, fue uno de los primeros hoteles-destino  del mundo. Este lujoso palacio victoriano fue obra de Thomas Cook, el mago de los viajes, como un destino en sí mismo y un lugar de descanso para sus adinerados clientes que recorrían el Nilo en busca de las ruinas arqueológicas del viejo Egipto.
 Apoyados en la barandilla del barco, mirando hacia el Old Cataract,  me dijo el guía, que no es importante como hotel a pesar de que las reformas le han devuelto parte de su viejo esplendor. Los hay mejores y más cómodos, más elegantes y eficientes, mejor conservados y equipados, pero este, es importante por su historia. En cierto modo es un símbolo del viaje en sí mismo, del descubrimiento y la aventura como motivación de aquel espíritu que impulsaba a la gente de una sociedad acomodada a explorar una tierra donde los peligros eran reales.
También me contó que no hay otro atardecer como el que se contempla desde la galería del Old Cataract. Esa terraza en la que Howard Carter anunció el descubrimiento de la tumba de Tutankhamon.  Al frente, la Isla Elefantina, donde se profesaba culto al poderoso Khnum, dios de la catarata y la inundación  ahora apaciguado por una inmensa presa. Es una isla en medio de la nada, de la abrumadora historia, de las implacables arenas y de las eternas aguas del Nilo. El comienzo o el fin de un viaje.
Rumbo a Asuán donde termina el valle del Nilo, los campos cultivados en los meandros del río dan paso a anchas riberas arenosas, antes marcaban el límite de la civilización y ahora reservan nuevas sorpresas antes de emprender la imprescindible excursión al complejo faraónico de Abu Simbel que haríamos en avión a la mañana siguiente.
 
Por la noche en este punto de  ambas orillas del Nilo  no hay ni una sola luz. El cielo es impresionante  y ofrece una oportunidad única para disfrutar de la lluvia de estrellas desde la cubierta del barco tiradas en una tumbona y en el más absoluto silencio antes de ir a dormir.
Al día siguiente a primeras horas,  asomadas en cubierta, veíamos desfilar esa otra historia, mas reciente pero no por eso menos importante. Al Oeste (justo en frente de Aswan) por un lado, se ve el mausoleo en granito rosa de Aga Khan III que lleva el nombre de quien en vida fue el Sultán Mahommed Shah y líder espiritual del islamismo, y las tumbas de nobles egipcios de la sexta dinastía, arriba,  en lo alto de la montaña en una especie de acantilados. Por otro lado al norte se pueden ver las ruinas del monasterio de San Simeón del siglo VII y todo ello entre las colinas del anaranjado desierto.
Son las 9 de la mañana  cuando nos asomamos al pretil de la Alta Presa.
 Asuán, puerta de Nubia, la tierra de los esbeltos hombres de ébano y de las mujeres de ojos bellos.  Pueblo casi siempre  peleado con el gobierno de los faraones y reyes egipcios. Los nubios que han llegado hasta hoy en día son descendientes desplazados de aquellos pero con una mezcla étnica importante que los diferencia de los antiguos que tenían rasgos más africanos, como conservan los nubios del Sudán. Unos cien mil fueron desplazados al inundar sus tierras los quinientos kilómetros de esta colosal obra que anegó numerosos templos, salvados Abu Simbel y  Philae .                                                                                              
El guía nos cuenta  que  la presa  cuya construcción comenzó en 1960 utilizando piedras de las canteras de granito, forma el lago artificial más grande del mundo “el lago Nasser “como reserva de agua (169 mil millones m. cúbicos de agua), algo así como 30 años de agua continua para todo Egipto. Se han construido en esta zona dos presas: la nueva Presa Alta de Asuán y la menor y más antigua, Presa de Asuán o Presa Baja de Asuán.
La construcción de la Presa Baja fue iniciada por los británicos en 1899 y se concluyó en 1902. El diseño inicial tenía 1.900 m de largo por 54 m de alto y pronto se descubrió que era inadecuado, por lo que se procedió a aumentar su altura en dos fases: de 1907 a 1912 y de 1929 a 1933. Cuando la presa estuvo a punto de desbordarse en 1946 se decidió que, en lugar de aumentar su altura por tercera vez, se construyera una segunda presa ocho kilómetros río arriba.
La Presa Alta comenzó a construirse en 1952, exactamente tras la revolución de Nasser y, en principio, los Estados Unidos ayudarían a financiar la construcción con un préstamo de 270 millones de dólares. La oferta de ayuda fue retirada a mediados de 1956 y el gobierno egipcio se propuso continuar el proyecto en solitario, utilizando los ingresos que proporcionaba el Canal de Suez como ayuda en la construcción.

Sin embargo, en 1958 intervino la Unión Soviética (en plena Guerra fría por el dominio de África) pagando, posiblemente, un tercio del costo de la inmensa presa de piedra y arcilla como regalo. Aparte de esta ayuda monetaria, proporcionaron técnicos y maquinaria pesada y el diseño corrió a cargo del instituto ruso Zuk Hydroproject. La construcción comenzó en 1960. La Presa Alta, fue concluida en su totalidad el 21 de julio de 1970.
Asuán es un destino tranquilo del valle del Nilo, donde este río es más bello que en ningún otro lugar, fluye entre rocas de granito e islas cubiertas de palmeras y plantas tropicales, es donde navegan las falucas que surcan lentamente el Nilo.
Pero ante todo Asuán es una ciudad de misterio. No sólo porque conquistó a aventureros, egiptólogos o escritores  para recrear allí sus historias sino además, y principalmente, porque tiene la particular característica de que una parte del poblado está abierta a los turistas y la otra no.
Volvimos al barco y un poco más allá, a última hora de la tarde, después del té en cubierta  tocamos el embarcadero de la isla Agilika.
Unas pequeñas embarcaciones nos llevaron a este  lugar de ensueño: La perla de Egipto, según Pierre loti. Philae, dedicado a Isis, la divinidad femenina tal vez más universal y amada en todo lo largo de la historia egipcia.


Cuando pisas un territorio nuevo, sobre todo uno de los míticos por la importancia de su cultura, como es el caso de Egipto, deshaces y rehaces con tu propia percepción las ideas que te han trasmitido otros. Pocos me hablaron  de Philae y resultó ser uno de mis preferidos por la majestuosidad con que se ve en una isla en medio del agua, el azul del rió y el hecho de que haya vegetación le dan una vida única. Este templo también tuvo que ser movilizado por las inundaciones de la presa (inicialmente se encontraba en la isla de File).

 Dos majestuosas columnatas  flanquean el patio de acogida, abriéndose en ángulo hacia la fachada del primer pilono. Ambos pórticos están decorados con escenas de ofrendas y con los cartuchos de los emperadores romanos que participaron en su construcción: Augusto, Tiberio, Calígula y Nerón. 
Así es como el  Templo de Isis,  se alza majestuoso con sus torres de 18 metros situadas en el primer pilón, donde se pueden contemplar los relieves de los enemigos heridos por Tolomeo XII, el padre de la famosa Cleopatra.        
Os dejo unos grabados  de antes de ser trasladado.
 
Os cuento sobre el traslado: Después de la creación de la primera presa de Asuán en 1906 y recién en los años 60 las Naciones Unidas intentaron rescatar lo que quedaba del mismo habiendo encontrado un sitio seguro donde emplazarlo, mas tarde después de la creación de esa otra presa llamada” la Alta Presa” en 1971, el monumento ocupo su espacio en la isla Egilica, lugar que fue remodelado para imitar las características de las Isla Philae.

Hay paredes en las cuales todavía se puede observar el nivel hasta donde estuvo cubierto. En el patio central del Templo de Isis hay que fijarse en  la casa del nacimiento, dedicada al gran  Horus.
Traspasamos el segundo pilón que nos condujo a la sobresaliente sala hipóstila de 10 columnas hasta acceder al santuario interior de Isis. Además, bajando por una escalera nos encontramos con la capilla de Osiris.


Philae es el lugar de descanso del dios Osiris y está dedicado a su esposa, Isis, quien reunió los miembros de su esposo tras ser asesinado y desmembrado y consiguió resucitarle. Y aquí  encontramos a  la diosa Isis fusionada con la diosa Hathor, la «gran Madre cósmica», portando sobre su cabeza el dorado disco solar entre los plateados cuernos de la luna. Una diosa del amor, la belleza y la alegría, la música y la danza. Se la conocía como la Madre de las Madres y de la fertilidad, los niños y el parto.

 Sin embargo, también era una diosa oscura, la Dama de la embriaguez, y una diosa de los muertos como Dama de Occidente. Varios siglos o incluso milenios después de su “nacimiento” llegaría a ser conocida como…”Afrodita”.

Sin embargo, nos cuentan que en la antigüedad este templo estuvo también consagrado a Jnum, «Señor de la primera catarata» y dios de las «Fuentes del Nilo», que era para ellos el misterioso lugar de donde procedían las aguas de vida. De esta forma, el dios Jnum junto con las diosas Anukis y Satis formaba «La Triada de las Cataratas» que aparece representada en Philae.
En la misma isla se encuentran varios templos, incluyendo el de Imhotep, lo cual representa la importancia de este personaje en la historia Egipcia y  según la historia de los faraones, Philae también es algo especial, fue el último lugar donde se escribieron los jeroglíficos.
Y mi construcción favorita  el quiosco Trajano,  algunos dicen que fue aquí donde Scheherezade contó las Mil y Una Noches.
 
Levante los ojos  para ver como los ibis sobre vuelan la isla y en los juncales se adivinaban los nidos. Los cocodrilos no existen en esta parte del Nilo visitada. La presa les impide el paso, y eso no sé si es una ventaja o una desilusión, pero es  un hecho. Poco después regresamos al barco.
Ya de  noche… Los guías nos dijeron que durante la cena fuéramos   disfrazados Se festejaba la noche de la chilaba. Así que esa noche éramos todos faraones y reinas. Bueno menos yo!..  Que era emperatriz, cambie la chilaba por el qipao rosa  que  me traje de un anterior viaje a China.
Los camareros han esculpido aves exóticas en calabazas y frutas que exponen en el buffet, panes simulando cobras y un sinfín de manjares.  La noche fue muy divertida y terminamos la velada en la terraza del barco, disfrutamos de las  bellas vistas nocturnas de la rivera del río en compañía de unos amigos que fuimos haciendo durante el viaje. Tuvimos mucha suerte de conocer gente magnifica con la que poder hablar, pasear, y reírnos...
 
Abu Simbel
A la mañana siguiente desde el crucero nos llevaron al aeropuerto de Assuan, donde cogimos el avión hasta Abu Simbel. El viaje dura media hora.

Después de tantos viajes te das cuenta  que es desde el avión donde se aprecia de forma sobrecogedora la diferencia de colores entre Europa y África. Sobrevolando tierras europeas,  observas tonos azulados y verdosos, con velada neblina.  Ya en tierras de Libia, que creo que fue por donde entramos en el continente africano, hay una especie de subrayado azul turquesa, que va bordeando la costa, un color diferente del resto del Mediterráneo.
Cuando sobrevolamos el desierto hay un predominio de los ocres de la arena y algún marrón rompiendo la monotonía del desierto puro y duro, donde aparece raramente un toque verde oscuro de algún oasis. Es muy curioso el aspecto que tienen de cinta negra las carreteras desde arriba, muy negra de alquitrán reciente.


Y aquí, entre el azul del lago Nasser y la arena del desierto esta Abu Simbel

Caminas, y de repente aparecen frente a ti... una sensación increíble... algo que nunca olvidas. 
Abú Simbel,en medio del desierto, la ciudad más cercana  a 300 km, y al sur del trópico de cáncer.
Cuando ves la fachada y los colosos  de mas de 20 metros, sólo puedes pensar en la grandeza del antiguo Egipto y la grandeza que quería proyectar Ramses II, lo cual lo logró definitivamente.
El templo del faraón más poderoso de Egipto hubiera perecido bajo las aguas del lago Nasser al construirse la presa de Asuan si, a instancias de la UNESCO y 48 países, entre ellos España –cuya capital recibió el Templo de Debod, que actualmente se puede visitar en el Parque del Oeste en Madrid -, no hubieran participado en su traslado al emplazamiento actual.

Tallados en inmensas paredes de roca, estos dos templos- el mayor, dedicado a Ramses II, y el menor, en honor de su esposa, Nefertari, resultan sobrecogedores al observarse desde su base, sobre todo si se piensa que datan del siglo XIII a. C.
 
Además de su imponente fachada, el gran templo  esconde la sala hipostila con varios colosos de Ramses II ,  relieves en el que este derrota a sus enemigos, y el santuario  cobijado por una bóveda artificial, por la que se accede a una cámara repleta de grabados que realzan la vida del faraón.
Hay imponentes pilares osiriacos que parecen proteger para la eternidad el santuario contiguo donde descansan la inquietante estatua de Ramsés II, arropada por las de Ptah, Amón y Ra, a la espera del rayo de sol que la ilumina un día al año, delicado fenómeno que antaño se producía el día de su cumpleaños y actualmente 24 horas después, desde que fueron reubicados 65 metros más altos de donde se encontraban.

El un curioso efecto  nos indica a que gran nivel había llegado la técnica en Egipto. El recinto esta proyectado para que dos veces al año los rayos del Sol que se adentran unos 60 metros dentro del templo iluminen las caras de Amón, Ra y Ramsés, y ejerzan su poder vivificador.
La cara de Ptah permanece en la penumbra, ya que era considerado el dios de la oscuridad, entre otros atributos. Esto sucede los días 20 de febrero y 20 de octubre, que se cree eran respectivamente, los del cumpleaños y coronación de Ramsés.
El templo entero esta esculpido en la roca de una colina de piedra arenisca, un detalle admirable, porque cualquier error grave podría causar el hundimiento de toda la obra. Quedas asombrada al saber que el templo con la montaña detrás fueron trasladados gracias a la UNESCO  en 1964 y 1968.  Tras una obra de 36 millones de dólares
Por aquel entonces, se construyó con la intención de impresionar a los enemigos nubios de Egipto y mostrar la grandeza del reino, en sí es considerado una de las maravillas de la humanidad y uno de los grandes misterios de la historia antigua. Entre otras cosas, porque estaba situado muy lejos de la urbe y del resto de templos.

El Templo pequeño de Abu Simbel fue dedicado a Nefertari, y en su fachada aparecen seis colosos  de 10 metros de altura, que representan al rey y a su amada esposa que obtuvo el inusual honor de que sus estatuas fueran del mismo tamaño que las del rey. Otro ejemplo de su amor fue la tumba que mando construir para ella, la más bellamente decorada de todas las conocidas en el Valle de las reinas. …Es de una rutilante belleza.
Otro detalle ¡ Abu Simbel significa "montaña pura"

Varias horas después, el avión nos devolvió a Assuan donde terminaba nuestro viaje por el río más largo del planeta. Este serias nuestro último atardecer en la cubierta del “Kon Tiki,” contemplando la orografía de la isla Elefantina y la navegación silenciosa de las falucas con su vela desplegada sobre el fondo violeta del cielo reflejado en el agua.
El Cairo.
 
En la capital de Egipto, la metrópolis más grande de África y el centro urbano del mundo árabe, Oriente y Occidente se unen en una fusión del pasado, presente y futuro que da lugar a una mezcla fascinante.

El Cairo es por si mismo un mundo más que una ciudad. Fundada en el sitio de Babilonia, cerca de las ruinas de Memphis. Oriente asoma en todos sus rincones con el desorden del tráfico y de las construcciones antiguas y nuevas. Y también con la hondura de una historia milenaria africana, por un lado, y mediterránea por igual. Sus extraordinarias mezquitas, su bullicioso bazar, sus museos y las viejas pirámides con las que nosotras  habíamos  fantaseado desde niñas ofrecen una experiencia llena de emociones.

El gran Hyatt.
  -Este hotel de propiedad  Saudita rebosa lujo por todos lados y gusto exquisito. Mármol y más lujo allá por donde mires o vas. Con unos pasillos para perderse. Es uno de los hoteles con más encanto de El Cairo. En primer lugar, su situación geográfica. Esta ubicado en la City, a orillas del Nilo, en un nudo que lo convierte en una especie de faro de la ciudad... Las habitaciones resultan amplias pero acogedoras, con camas comodísimas y dan al Nilo. Hablamos de un verdadero rascacielos  que poseen unas vistas espectaculares. Asomarse a la terraza de cualquiera de ellas no es apto para los que sufren vértigo. En cuanto a los servicios que proporciona a los clientes, hay prácticamente de todo. Tiene varios restaurantes, tiendas, oficina para el cambio de monedas  farmacia etc.… Mención especial merecen sus desayunos, sencillamente fantásticos. Y, sin duda, para los amantes de la buena mesa una recomendación especial. Se trata del restaurante giratorio de la última planta. Y no sólo por su peculiar configuración y las vistas nocturnas –un lujazo.
 
A la mañana siguiente  Nada más desayunar “en un comedor precioso con vistas al Nilo, loprimero que hicimos fue  una peregrinación a las grandes Pirámides de Giza. Desde el  autocar las más diversas  y divertidas escenas cotidianas se asomaban a nuestra curiosidad.

Dos millones de bloques de piedra apilados respetando los 52° que deberían tener los ángulos para que la construcción terminara siendo una pirámide perfecta. Con  136 m de altura.
No encuentro ninguna palabra que se ajuste para definir lo que se siente estar a sus pies...mirando  como desafían la soledad del desierto.
Además de la famosa calima que las envuelve en un halo de misterio y miles de preguntas. Hay explicaciones para todo...pero no deja una de asombrarse pensando… en un bloque cada dos minutos...durante 23 años...20 mil personas...para construir Keops.
Corta la respiración !                                                                                      
Pero ¿que hacían esos tres colosales tributos a la inmortalidad de los reyes, en una meseta hostil y desértica que parece que nada bueno tiene para ofrecer al ser humano?

Esta era una de las cosas más esperadas de nuestro viaje.
Y así, las vimos aparecer frente a nosotras. ¡Me impresionó lo cerca que están de la ciudad! Uno las ve aparecer entre casas y carreteras, pero definitivamente que son tan imponentes que nada con la arquitectura más moderna se les puede igualar.                                           
Más altas de lo que algún día me las imaginé y con otras pirámides más pequeñas (de esposas e hijos) que no sabía que existían, nos dieron la bienvenida y jamás las olvidaremos.

La Esfinge de Gizeh, la madre de todos los misterios.


Y aquí estábamos  frente a frente.                                                                                
No podría comenzar esta sección y quedarme a gusto, si no hablara del lugar que desde pequeña me hizo inclinarme a aprender sobre Historia y el lugar mítico  para el cual creo que no existe, y es difícil que alguna vez exista, apelativo mejor puesto que aquel con el que he bautizado a la Esfinge…Y una vez frente a ella puedo confirmar… -Gizah, es la madre de todos los misterios, y gran parte de los que hemos  visitado este lugar hemos vuelto con más preguntas todavía, con más incógnitas, pero sobre todo, con un ansia inagotable que resulta difícil de saciar y para el cual, es posible que, una vida no llene…


La Esfinge vigila desde hace al menos cinco mil años la entrada al recinto. Impasible, solemne, el león cuya vida se sacrificaba a los primeros reyes en sus tumbas al que se le ha puesto un rostro humano tocado con el nemes.

El faraón Kefrén así divinizado nos da la bienvenida, y nos invita a conocer su tumba y la de aquellos que la construyeron. No por nada la suya es la pirámide central, la que parece más alta y la que algunos confunde con la de  Keops. El viejo tirano del cual apenas queda una minúscula estatuilla de marfil, el hombre que contrató a la mitad de su pueblo, y del que se dice que llegó a prostituir a su hija para asegurarse la eternidad y la gloria a la diestra de Osiris, el dios del Inframundo.
Rematando la triada, Micerino. Un rey que quiso ser humilde tras la soberbia de sus predecesores, o que quizás se vio obligado por las circunstancias políticas y sociales de su reinado a construirse una tumba más modesta.
Sea como sea, hoy la Esfinge de Giza es una enorme estatua tallada en un montículo natural de piedra caliza. Mide 20 m de altura, 72 de longitud y 14 de anchura. El rostro podría ser el del faraón Kefren. La nariz fue quebrantada por musulmanes radicales alrededor del año 1400. Formaba parte de su templo funerario y está comunicada con su pirámide a través de una larga avenida procesional. Es la mayor estatua de la Humanidad. Sus pasadizos interiores, que no se sabe hacia dónde se dirigen, están sellados con piedras. 
 
 Los egiptólogos estiman que fue esculpida c. siglo XXVI a. C. Ha sufrido mucho con la erosión del tiempo y del maltrato humano, pero la arena, en la que estuvo sumergida ha ayudado a preservarla. En diferentes épocas fue restaurada y desenterrada.
 
Después de esto dejamos las pirámides  para ir a la Ciudadela de Saladino en lo alto de la colina Muzzattam. Para llegar a la Ciudadela atravesamos parte de la ciudad, con su tráfico imposible, su densa contaminación, viendo lo que podíamos al pasar.
Hay un cementerio enorme que  impacta, es la Ciudad de los Muertos, verdadera metrópoli dentro de El Cairo, Se trata del cementerio más extenso del mundo, construido por los mamelucos y habitado por cerca de un millón de personas, esta cerca del recinto amurallado. No miento cuando digo que es donde sucede un fenómeno único en el mundo; los vivos viven en las moradas de los muertos, viven en chabolas o dentro de los panteones. Calles oscuras y estrechas, tenuemente iluminadas.  Hay numerosos mausoleos, algunos grandes, que han sido ocupados por familias enteras  viviendo día y noche entre tumbas.  Por supuesto que no hay tendido eléctrico, ni red subterránea sanitaria. Los muertos no lo necesitan. En las paredes de sus entradas, sobre las lápidas con el nombre de la familia o propietario del espacio de enterramiento, se han fijado las chapas azules de numeración municipal para el servicio de correos. A ese grado de híper población y miseria ha llegado esta ciudad...
Poco después nos llevaron a visitar la Ciudadela que  fue erigida en el siglo XII por Saladino para proteger la ciudad, y las incontables mezquitas construidas a partir del año 600.
Dentro de  La mezquita de Mohammad Ali, o mezquita de alabastro, Nos descalzamos antes de entrar y nos sentamos sobre el alfombrado suelo alrededor de los guías, que actúan al modo de los maestros que quieren llamar la atención de sus discípulos explicándonos las características de la Sharia. Hombres y mujeres rinden culto en lugares separados de la mezquita para concentrarse mejor en sus rezos.
Sentadas en el suelo y escuchando las explicaciones del guía no pude dejar de maravillarme por las inmensas cúpulas que nos cubrían. Es de las más espectaculares y muy similar al de la mezquita Azul de Estambul, (1599). Es un monumento fastuoso de estilo ecléctico.

 El guia nos contaba que al principio fue planeada en estilo mameluco por el francés Pascal Coste, pero la mezquita fue finalmente construida por razones desconocidas según un plano del arquitecto griego Yusuf Bushnaq. Su situación en altura permite que se pueda observar desde cualquier parte de El Cairo, lo que transmite una sensación de poder político. Todo el material es, como indica su nombre alabastro, en cuanto a la piedra; también hay otros materiales preciosos, como maderas, dorados y lámparas.

El arquitecto se inspiró en el arte europeo, Renacimiento sobre todo, con toques orientales. En su interior, entre otras curiosidades, está la tumba del fundador de la última dinastía egipcia: Mehmet Ali rey de Egipto (1805-1849), quien promovió movimientos independentistas que contaron con el apoyo de Gran Bretaña, que acabaron derivando, finalmente, en la independencia de Egipto. Sus herederos se endeudaron con el proyecto del Canal de Suez (1869), motivo por el cual los ingleses ocuparon el país en 1882.

En uno de los muros del patio esta instalado el reloj  que Luís Felipe de Francia cambió a Mohammad Ali en 1845  por el obelisco, procedente de Luxor, que es el centro de la plaza de Concordia, en París. Cambio totalmente desigual, pues el tal reloj es una obra menor del Modernismo y además nunca funcionó.

La fachada bellísima no concuerda con lo que encuentras dentro.
Jamás olvidare la sensación al entrar en  El  Museo de Antigüedades más grande del mundo en El Cairo, parece un almacén… y hasta polvoriento.
Pero eso no quiere decir que no me dejasen alucinada la cantidad y la belleza de las obras. Y por mucho que hayas podido leer sobre el tesoro de Tutamkammon, no puedes ni imaginarte todo aquel lujo, que te deja exhausta y sin respiración si quieres detenerte un poco ante tanta belleza reunida.
Aquí no me arrepiento de haber tenido un guía. Hay tantas cosas en este museo, ¡muchísimas! Desgraciadamente no está organizado como uno esperaría siendo este  el principal museo de un país y, sobre todo, con tanta historia. Al final, gracias al guía pudimos ver de manera adecuada lo más importante y asociándolo a todos aquellos templos, tumbas, etc. que ya habíamos conocido.
Después de esta visita fuimos a comer. Lo hicimos en uno de los barcos que están atracados a orillas del Nilo, enfrente, casi, de nuestro hotel. Estos barcos, algunos de los cuales dan paseos por el río, se dedican también a la restauración El lugar era agradable, veíamos el Nilo mientras comíamos. La comida, de buffet, era poco apetitosa, me atrevería a decir que pésima, pero la localización muy buena. (Esta anécdota me la recordó mi amigo David de Logroño que conocimos en este viaje a quien quiero agradecer desde aquí su ayuda con este post)

 
En la fábrica de papiros  nos enseñaron como se hace un papiro, todo un arte.  Nos mostraron la planta tal como es en la naturaleza, nos explicaron el proceso de fabricación  que es muy curioso e interesante, y luego nos mostraron copias de papiros faraónicos que tapizaban las paredes del local, informándonos de que estaban realizados por estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de El Cairo, y que venían con un certificado.
 

El Fishawi y el Khan el Khalili: 

  En nuestro  último día en el Cairo, antes de regresar a casa nos apetecía pasar las últimas horas del día haciendo compras  y nos llevaron por Khan el Khalili.  Fuimos por la calle El Moez  deambulando entre tiendas, gentes y olores variados. Esta es  un área comercial antigua (se fundó en 1382) un inmenso zoco de estrechas callejuelas con miles de pequeñas tiendas atestadas de mercancías.

El guía nos invito a  detenernos  por un rato  en el café más famoso de todo El Cairo: El Fishawy, conocido también como “el café de los espejos”, puesto que estos decoran, con sus envejecidos cristales y recargados marcos tallados en madera, sus paredes, interiores y exteriores, sin prácticamente dejar un espacio de pared visible.

Lo de cafetín es un decir, en realidad es un tugurio. Dicen algunas crónicas que he podido leer que este café tiene más de doscientos años de vida y que, a pesar de los devenires nefastos de la historia,  jamás ha cerrado sus puertas ni de día ni de noche (siempre está abierto) desde el año 1773. Siete generaciones han dado el callo para dar lugar  a un emblema legítimo de la ciudad, ya tan tradicional como las pirámides o el Museo Arqueológico.

Mires donde mires te encuentras en los espejos.
Quien viaje a Egipto no puede dejar de sentarse en alguno de sus sillones raídos o destartaladas sillas, para degustar alguna de sus típicas bebidas  y fumar una relajante pipa de agua, llamada shisha.  Pero el Fishawi es mucho más que eso.
Hay dos aspectos muy interesantes que conocer de este café, o que, al menos, a mí me llaman poderosamente la atención. El primero es que, a diferencia de la mayoría de los cafés de esta ciudad y de todo Egipto, terreno habitualmente reservado para los hombres, no es difícil encontrar, entre su clientela, un nutrido público femenino disfrutando de sus bebidas y sus shishas;
Y la segunda de las sorpresas curiosas es su pequeño rincón interior, escondido entre biombos y estanterías, donde se dice que solía acudir el escritor y premio Nóbel de Literatura en 1988, Naguib Mahfouz, considerado el mejor cronista de la sociedad cairota actual y un verdadero observador del alma humana sentado en un café. Si habéis leído sus libros, y un día os sentáis donde estuve yo sentada  en el Fishawi, descubriréis que no se inventaba sus personajes: le bastaba con mirar a su alrededor.
Poco después muy a nuestro pesar volvimos al hotel,  preparamos las maletas, y  subimos en el coche que nos llevo  al aeropuerto con destino a Bilbao.   
                                                
Por las ventanillas  veíamos pasar ese otro Cairo que aun que tiene la Isla del Paraíso, formada por dos brazos del Nilo, es una ciudad de muchos contrastes.  
Se ha urbanizado, pero lo está haciendo sin ningún rigor arquitectónico lo que da lugar a que hayan surgido barriadas que dan una tremenda sensación de depresión social. Las casas están, aparentemente, sin terminar, fachadas sin enlucir, tejados sin rematar, esperando, si es necesario, continuar la casa por arriba en un momento determinado; y sobre esas terrazas, a medio terminar, se acumulan grandes cantidades de desechos y suciedad. Suciedad que se puede ver, de forma llamativa, por calles, portales y mercados.
Toda esta urbanización de El Cairo ha hecho que hayan desaparecido las fértiles huertas que se extendían  antaño a lo largo de las dos orillas del Nilo y que le daban esa sensación de vergel.
“El Cairo “significa la ciudad triunfante.
Subimos en el avión  con esa sensación de haber cumplido un sueño. Lo último que vimos   sobrevolando, fueron las pirámides  envueltas en la calima, pétreas y eternas. Detrás quedaba el desierto y  el horizonte que  parecía arder con el ocaso.                                               
En fin, voy a echar nuevamente de menos todo esto.

Maria Manderly

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Un relato con mucho glamour, he vivido un viaje sobre esa cubierta de barco con el viento de cara. Me ha encantado
Susi

Anónimo dijo...

Hola, Me llamo yolanda y soy de Asturias. Acabo de conocer tu blog y decirte que me encanta. Cuando viajo, suelo meterme en foros a leer información de mi destino y al regreso escribir mi diario de viaje

Anónimo dijo...

Me ha gustado tu entrada sobre Egipto, muy completo, Volveré un saludo.

Alberto