Los viajes son como los cuentos, se inician con cierta incertidumbre, y se finalizan con nostalgia.
Es muy difícil ubicar el momento en que realmente se inicia un viaje, quizá porque nuestro existir es un largo trayecto de ida
que comenzamos al nacer y termina cuando cruzamos al otro lado de la raya que marca el límite de la vida…
En este blog quiero recordar mis viajes pasados así como contar los presentes.
Intento andar por el mundo, mirando la vida
cómo si de un libro se tratara, recolectando trazos de
historia apuntando aquello que se te escapa de los ojos, buscándome y encontrándome en los rostros y en el corazón de los pueblos que visito.
Maria Manderly

25/12/15

Turquía en tierras de leyenda.


Turquía en tierras de leyenda.
 
Cuando un avión vía Madrid nos dejo en la capadocia, nunca pudimos sospechar  que Turquía y sobre todo Estambul  fueran a robarnos los sentidos. Habíamos  soñado  con recorrer  Turquía caminando por los mágicos escenarios de conquistas. Tierras de héroes, como la mítica Troya, los anónimos eremitas,  místicos visionarios,  y tierra de paso de  caravanas que seguían la Ruta de la Seda.

 Pisas suelo turco y tienes la sensación de  fundirte  en un crisol en el que el tiempo y los laberintos de la historia han mezclado extraordinarias y cultas  civilizaciones. Leía, cuando era estudiante, que griegos y troyanos, licios, persas, romanos y bizantinos dejaron testimonio de su existencia en estas antiguas ciudades, alguna de ellas  hoy rescatadas de entre las sombras de la leyenda.

 Siendo  uno de los países del Mediterráneo con mayor patrimonio cultural, las ruinas griegas y romanas se reparten  por toda su geografía  en un considerable buen estado de conservación,  sin olvidar mencionar las  fortalezas inexpugnables, que Cruzados y musulmanes levantaron en defensa de su “verdadera Fe” y que salpican el litoral turco como el castillo de San Pedro en Bodrum, último baluarte en Turquía de los Caballeros Hospitalarios.

Es cruzando el estrecho del Bósforo, ya en la parte asiática del país, donde  empezó nuestro fantástico viaje por la llamada  Anatolia Central, donde ruina tras ruina,  pudimos notar los contrastes.
Así que, en un mes de septiembre caluroso y seco, con mi prima Loli, hicimos un recorrido por esa parte del país diseñando  este viaje desde  Bilbao directas al corazón de la capadocia y terminando por unos días en la ciudad del Bósforo.

Al bajar del avión  caminamos   hacia el puesto fronterizo  del aeropuerto de  Nevşehir bajo  un sol de justicia. La espera se nos hizo un poquito  larga debido a que se paga el visado a la vez que presentamos el pasaporte, y la cola era larga.

La Terminal estaba abarrotada de gente y los guías levantaban los carteles con los nombres de los turistas que tenían que recoger.
Nuestro guía por esta región del mundo era un estudiante  turco, simpático y muy parlanchín así que durante el trayecto en autocar  hasta el hotel, nos iba refiriendo la historia de  las maravillas a las que nos íbamos a enfrentar.

Yo no dejaba de observar por las ventanillas los paisajes que iban discurriendo más allá de la carretera.
El calor a esa hora del atardecer aun era muy fuerte,  y poco después, ya empezamos a ver los primeros volcanes que nos marcaban la entrada a la región de Capadocia.
Unos paisajes de otro mundo  a 700 kilómetros de distancia de Estambul.

Llegamos al hotel  “Vera Kaymakli “el hotel está en mitad de la nada pero la estancia es agradable, quizás no fue tan lujoso como otros de los que habíamos disfrutado en otras partes del planeta,  pero está muy limpio y el personal es encantador. Ducha cena, tertulia con otros viajeros   y a descansar.

Por la mañana el guía nos vino a buscar y después de un pequeño recorrido en autocar marcado por un paisaje de trigales extensísimos, lagos salados de una luminosidad cegadora, bosques breves, carreteras vacías y pueblos miméticos de casas bajas presididos por estilizados alminares, llegamos a este fantástico lugar.  

La Capadocia es como un mundo aparte. Un paisaje de formas estrambóticas esculpido a lo largo de los siglos por el viento y la lluvia sobre un cúmulo de lava cenizas y barro originado millones de años atrás por la erupción de dos volcanes.

Aquí se levantan formaciones de rocas que se asemejan a un país de fantasía creando unos espectaculares paisajes surrealistas de conos rocosos, pináculos en forma de cápsulas y barrancos desgastados matizados en una gama de color única.  Un delirio geológico de formas y colores todo en naranjas intensos, verdes minerales, amarillos azufrosos, rosas, blancos harinosos, ocres, púrpuras, y malvas.


-Es extraño ¡ Aquí  las montañas tienen ventanas, decía Loli.  Y lo que desde lejos parecía un paisaje desolado, es en realidad una ciudad completamente tallada en la montaña.  Un termitero gigantesco. Un lugar que cuesta creer
 
Las Ciudades de Capadocia:
 
Estos  paisajes de toba calcárea resultaron ideales para que los humanos tuvieran facilidad al construir sus casas en las rocas en formas de cuevas y cavernas.  Son pueblos ensimismados al interior de una colina carcomida por el paso de los siglos y por la mano del hombre.  Los primeros cristianos que se escaparon de la persecución del Imperio Romano en el segundo siglo AC. Llegaron aquí ocultándose en estas ciudades subterráneas ya existentes.
 
Las que más nos impresionaron fueron las  ciudades subterráneas de Kaymakli y Derinkuyu, están  abiertas al turismo con sus desniveles conectados por túneles bajo tierra.  Esta última  contaba con una iglesia subterránea de 65 metros de largo y distintos espacios destinados muy probablemente a establos. Hasta ahora han sido desescombradas 13 plantas, y se supone que existen aún más. Pero solo se puede visitar hasta el 5º ya que el resto sería peligroso, hoy están reservados sólo para los arqueólogos y científicos.



Derinkuyu y Kaymakli: fueron las primeras que visitamos, son semejantes, y quedamos asombradas por su historia y estructura. Estas ciudades   y muchas otras subterráneas de la región, permanecieron ocultas durante mucho tiempo porque algunas galerías y pasadizos habían sido cegados a propósito con arena y piedras cuando sus habitantes las abandonaron .

No se conocen los motivos de tal actuación, sobre todo porque no existe ninguna documentación al respecto. Los arqueólogos estiman que el primer nivel fue excavado alrededor del año 1.400 a.C. por los hititas. Pero en realidad, no saben quién excavó esta ciudad.  Al no encontrar  restos orgánicos, no es posible datar la construcción mediante  el  Carbono-14. 
Estructura de Derinkuyu: Es sorprendente que una obra de ingeniería de este nivel, pudiera ser construida en  esa época tan remota. Por su complejidad,  Derinkuyu es comparable con las pirámides de Egipto, pero a la inversa, bajo tierra. Con una superficie de 4 kilómetros cuadrados,  bajo un firme blando y fácilmente horadable y sus  90 metros de profundidad, Derinkuyu está diseñada   como una ciudad termitero en el interior de la tierra. Hasta la actualidad solo se han descubierto 20 niveles subterráneos.
La ciudad disponía también de un río subterráneo, pozos de agua y un interesante sistema de respiración compuesto por más de 15.000 pequeños conductos que suministraban aire a todos los aposentos de la ciudad.
 
En la época Bizantina, se agregaron puertas de piedra para el cierre de seguridad en la ciudad. Estas pesadas puertas sólo se pueden cerrar desde dentro, impidiendo el acceso desde el exterior en caso de ataque violento o intento de invasión .Las galería subterráneas, podían bloquearse en tres puntos estratégicos desplazando estas puertas circulares. Las puertas- piedras tienen alrededor de 1,5 metros de diámetro y medio metro de espesor; con un  peso de media tonelada.

Con este  método innovador de defensa pasiva estas ciudades  no se defendieron del ataque externo mediante altas  murallas o profundos  fosos. La defensa  se basó en pasar desapercibidos para sus enemigos potenciales. Sus habitantes, en silencio, sin armas, permanecieron ocultos a los ojos de sus enemigos. Dicen que fue  refugio de los  hitita, entre el   1.800 y 1.200 a.C. un imperio que fue  tan  poderoso como Egipto o Babilonia

Muchos historiadores sostienen la teoría de que  fueron escavadas mucho antes, y que  fue refugio seguro para las personas que vivía bajo tierra; posiblemente  una defensa natural frente al cambios climáticos (glaciación).Me cuentan que por esta época debió ocurrir el famoso cambio climático que asoló todos los continentes y terminó con numerosas civilizaciones. Se tiene certeza que hacia el 9.000 a.C. , Turquía sufrió una corta glaciación que duró 500 años. Sencillamente, los habitantes de la zona  decidieron protegerse de la nieve y del frío, excavando  u ocupando estas ciudades donde  la temperatura era constante, alrededor de unos 11º grados.
 
Y continuamos  hacia la ciudad de UÇHISAR
UÇHISAR, esta situado al lado del Valle Rojo, se dice que en este valle al atardecer, en lugar de mirar al horizonte, la gente mira en dirección contraria hacia las paredes que intensifican su color rojizo según van cayendo los rayos del sol.
 

Aquí nos  encontramos con un gran peñón llamado el Castillo de Uçhisar, utilizado como fortaleza, y totalmente horadado, lleno de pasadizos subterráneos también. Impresionante.



VALLE DE IHLARA   y Göreme… El río Melendiz tenía su curso subterráneo entre cuevas, y con el tiempo el techo de la gran cueva se derrumbó, dando origen al Cañón de Ihlara. Mucho después, hasta aquí llegaron grupos de frailes, y excavaron multitud de iglesias en sus paredes, pudiéndose encontrar las iglesias más antiguas de la región, decoradas con frescos en techos y paredes como (Agaçalti o iglesia bajo el árbol) es el valle de Göreme.
 
 
Dicen que Göreme es una pequeña hormiga escondida en el gigante conocido como Capadocia y totalmente eclipsado por las Chimeneas de Hadas, con sus  iglesias rupestres y paseos en globo al amanecer. Y yo creo, que es en este  triángulo mágico formado por los pueblos de Ürgüp, Göreme y Avanos  donde se encuentra la Capadocia más espectacular.
Es lo más parecido a un gran museo al aire libre donde se concentra el mayor número de iglesias. Como la de  la Manzana, una joya, la entrada está decorada con frescos iconoclastas, posteriormente se siguió excavando y hay una gran sala con 4 columnas, 3 ábsides y pequeñas capillas alrededor, está totalmente decorada con multitud de frescos bizantinos, Se sube por una largas y estrechas escaleras de vértigo  que no son aptas para cardiacos.

Durante toda la época bizantina (hasta el siglo XV) se construyeron más de 400 iglesias aquí, como si los cristianos buscaran la manera de contrarrestar la fuerza pagana que la naturaleza exhibía en aquel lugar.
 
También están, la iglesia  de San Eustaquio, decorada con pinturas que se remontan al siglo XI; o la de la Serpiente, en la que aparece el emperador Constantino y un san Jorge de la leyenda luchando contra una gran serpiente; o la Oscura, que  es la mejor conservada en este  museo al aire libre y que recibe su nombre por sus escasas ventanas.
Gracias a la ausencia de luz, los colores de los frescos bizantinos se han preservado hasta la actualidad,  hay una serie de imágenes con episodios de la vida de Jesús.

Y así fueron siguiendo nuestros pasos hasta El valle de las palomas.


A partir del siglo IV cuando Constantino fijó en Constantinopla la capital de su imperio, es cuando empezó a extenderse el monaquismo y  a proliferar las ermitas y monasterios en Capadocia. El terreno lo permitía, y los conos gigantes, algunos de más de treinta metros de altura, eran como gigantescas capuchas que parecían hechas a propósito para excavar en su base amplias cuevas dedicadas al culto.
Es el valle de las palomas.

Cuenta la leyenda que en la Capadocia, en el centro de la Anatolia turca, convivían sin problema los humanos y las hadas. Pero, como suele suceder en estos caso, un hombre y un hada se enamoraron, lo que estaba totalmente prohibido por ambos pueblos. La pena: la muerte. Sin embargo, la reina de las hadas recapacito y perdono a los amantes, pero para evitar que volviera a ocurrir, hizo que todas las hadas se convirtieran en palomas.

 A partir de entonces, los humanos que habitan allí cuidan a las palomas que viven en las llamadas “chimeneas de las hadas”, unas de las estructuras de toba volcánica que hacen que uno sienta que está en la luna.
Como en los cuentos, es aquí donde unos árboles esqueléticos  y secos se visten de amuletos mágicos y vistosos botijos colgando de sus ramas petrificadas  cuales frutas donde se posan las palomas.
El ojo turco  es el amuleto mágico que utilizado desde hace siglos, según una creencia muy antigua, protege contra el influir maléfico que se le atribuye supersticiosamente a la mirada envidiosa de algunas personas. El nombre que le dieron los turcos a este amuleto es nazar bockuk.
Impresiona el lugar con el peñón de Uchisar en el horizonte.
Las Chimeneas de las hadas…
Como si se tratara de torreones de piedra erosionados por la lluvia, las chimeneas de hada son columnas con “sombrero” y alturas que pueden sobrepasar los 40 metros. Sorprenden por sus formas caprichosas y únicas en el planeta.

A esto se le llama  el valle de las Palomas y esta en los alrededores de Uchisar. Cierto que  no hay ni iglesias con columnas esculpidas, ni pinturas espectaculares como las del museo al aire libre de Göreme; pero son lugares donde el caminar en solitario lleva a una impagable comunión con un paisaje todavía no masificado, al tiempo que de algún modo permite conectar aunque sea por unas horas con las pretéritas sensaciones de los eremitas.

Han sido muchas las civilizaciones que han dejado su huella en este lugar y que han contribuido a darle ese aire irreal, o más bien surrealista,  con cuevas donde los campesinos hoy guardan sus aperos, con albercas donde recogen el agua de lluvia, con pequeñas capillas sin frescos, y  caminos laberínticos.
La Capadocia más espectacular, la de las postales y folletos de promoción, sigue estando aquí  donde se concentran las iglesias rupestres, pero para mi  la auténtica Capadocia se encuentra caminando fuera de los circuitos hollados, perdiéndose como uno puede hacerlo por las calles de Estambul en busca de emociones y de un pasado, en unas cuantas caminatas impregnadas de algún modo por la mística sufí.
Hasta el viento sopla de una manera diferente en esta inquietante parcela del mundo. Aún siento un escalofrío al recordar la terrible soledad que uno percibe al recorrer sus caminos.


Algunos de estos conos se dividen en otros más pequeños en sus tramos superiores, en el que los  Estilitas y ermitaños solían esconderse. Una capilla dedicada a San Simeón, y una vivienda de ermitaño está construida en una de las chimeneas de hadas con tres cabezas. La entrada de la celda está decorada con cruces.

San Simeón, el estilita,  vivió en aislamiento cerca de Aleppo, Siria, en el siglo quinto, cuando los rumores de que hacia milagros comenzó a extenderse por la región. Preocupados por toda la atención, comenzó a vivir en la parte superior de una columna de 2 m de alto, y más tarde se trasladó a uno de 15 metros de altura. A partir de ahí sólo descendía de vez en cuando para comer y beber con sus discípulos. Los ermitaños de Capadocia se distanciaron del mundo mientras vivieron en las chimeneas de hadas.

Bueno la verdad es que las vistas eran memorables...

Había que recargar pilas para la siguiente aventura.
Una tras otra, las tiendas se agolpaban en la calle principal, los Ojos Turcos aparecían en cada rincón y de fondo, la torre para la llamada a la oración. Al otro lado de la carretera principal que cruzaba el pueblo, se concentraban la mayoría de los restaurantes, muchos de ellos con terraza y con exposición de comida en primera plana.


Todos los viajeros somos coleccionistas de recuerdos. Algunos son intangibles y viven en nuestra memoria, fotos, escritos y otros van formando  un pequeño museo de objetos diversos a los que tenemos un cariño especial, nosotras  no somos menos.

Así que curioseando por los puestitos  compramos en las tiendas algunos regalos para amigos y familiares  yo compre para mí,  la típica muñeca de trapo del  pueblo de Soganli. Esta muñeca de trapo que se convirtió en el símbolo del pueblo, esta  elaborada por las aldeanas  y distribuida a toda la región de Capadocia, son una de las fuentes de ingreso más importantes del pueblo.
Fabricadas en casa y a mano, atrajeron el intenso interés de los turistas que venían a la zona, formando poco a poco un sector de muñecas de trapo.
Todo el pueblo de Soganli está fabricando desde hace 50 aňos estas muñecas con un esqueleto de hierro fino y blando, trozos de toalla y tela, y tapas de botella.
Cuando visitas al pueblo de Soganli, puedes ver en la plaza central como se elaboran estas muñecas que puedes comprar como recuerdo.
Volvimos al hotel, cena, ducha y un café en la terraza con algunos compañeros de viaje fue el final de un día agotador. La luz crepuscular empezaba a disipar la del nebuloso atardecer.
Mas allá, el pueblo estaba en completo silencio, las casas se abrigaban bajo los tejados blancos cubiertos de luz lunar  como si les hubieran puesto gorros de dormir y estuvieran durmiendo plácidamente.
 Era hora de descansar quedaba mucho viaje aun.
A la mañana siguiente nos levantamos temprano, algunos viajeros ya estaban desayunando. Café tostadas pastelitos fruta  y todo lo mas apetecible estaba expuesto en un magnifico buffet. 
Poco después marchamos rumbo a Konya.
 
Nuestra primera parada en ruta entre  Konya y Nevşehir fue en  un caravasar o antigua posada en  LA RUTA DE LA SEDA.
Estas posadas datan de la época medieval y se encuentran  cada 30 Kilómetros, que es el equivalente a una jornada de viaje a camello.

Construida a modo de impresionante fortaleza, las habitaciones y aseos rodean un patio presidido por una fuente para  abluciones. Al fondo están los establos y el almacén de mercancías.
Este es el caravasar de Sultanhani dicen que fue el más importante y el más grande… y a día de hoy, el más espectacular.


La  primera impresión desde el propio exterior ya sirve para impregnarse de su robustez y seguridad contra ataques inesperados: torres altísimas, murallas potentes y tan sólo dos puertas de entrada (una al este y otra al oeste) puertas que, por cierto, constan de trece metros de altura (dos menos que los muros que las contienen) y se abren bajo sendos arcos de mármol decorados con mocárabes dispuestos en armonía geométrica  con imitaciones de estalactitas.
El estado de conservación es muy bueno, pero el hecho de que haya quedado integrado en el medio del pueblo le quita la sensación que produciría  por aquel entonces el encontrarse con esta fortaleza en medio de la nada en la inhóspita estepa… Hoy  pierde mucho de su romanticismo.

También hay una rotonda con bustos de varios personajes de la historia de Turquía.
Poco después de retomar camino, vimos a lo lejos emergiendo en el horizonte, una  cúpula de color turquesa que es realmente bonita de ver  brillando al sol del medio día.

Llegábamos a Konya…
 

Konya fue fundada por los romanos en el siglo II a.C. con casi un millón de habitantes, es la segunda ciudad más importante de Anatolia Central tras Ankara. Tiene fama de ser una de las ciudades más conservadoras de Turquía y   lugar sagrado para los turcos musulmanes.

En esta ciudad desarrolló su labor el fundador de  una religión, la de los derviches de la orden sufí Mevleví, el poeta y místico  Mevlâna, y allí se encuentra su mausoleo desde 1273. Es lugar de peregrinación y donde va la gente que quiere convertirse en derviche. El sarcófago se encuentra debajo de la bonita cúpula turquesa, que vimos a lo lejos, y  flanqueado por otros personajes importantes, entre ellos su propio hijo.
  En el mismo complejo hay varios edificios, una mezquita el cementerio y la semahane (lugar donde se celebraban las ceremonias) así como la fuente para las abluciones.
Al lado hay una especie de museo con instrumentos musicales, vestimentas, manuscritos, etc., todo sobre los derviches. En otras salas adyacentes, utilizadas en el pasado por los mismos derviches, ahora están amuebladas como en la época de Mevlâna, en el s. XIII, con maniquíes vestidos a la manera de los derviches.
Los Derviches                                                                                                          
  Y en algún sitio lejano donde la oscuridad se rompe con velas, los derviches, en éxtasis místico, siguen bailando su danza interminable, con una mano extendida hacia el cielo en la que Alá deposita la paz, con la otra mano dirigida hacia abajo, para que esa paz descienda hasta la tierra y se extienda.
La filosofía de este  Maestro Rumi consiste en que los danzantes estén en continuo movimiento, al igual que el Universo, girando sobre sí mismos como los planetas. Hay un maestro director (el Sek) con capa roja, lo que simboliza su autoridad.
En el espacio de la ceremonia hay una línea que representa el camino más corto hacia la verdad, la cual no se pisa. El baile se realiza en una zona circular.
En el centro del círculo se coloca un globo de cristal que representa el sol y unos candiles a modo de planetas. Los tocados de la cabeza (kulah) representan la piedra de la tumba, el jersey de lana la tumba y la capa blanca la mortaja.
La mano izquierda queda hacia abajo, significando que lo que se toma del cosmos se devuelve, nunca se retiene nada para sí
.
La música que les acompaña es a base de flauta y tambores.
No era  la primera vez que Loli y yo estábamos en un santuario islámico, pero este nos dejo  tan absortas en observar ritos religiosos desconocidos para nosotras que apenas reparamos en la delicada decoración del templo o la majestuosa silueta que conformaban las cúpulas con el minarete.

Frente al sepulcro de Mevlâna que mira a la Meca,  un grupo de unas de 30 personas rezaban en pie.  Sobre la tumba  preside  un gran sombrero con forma de cono que sale de un turbante. Nos  sorprendió bastante. Cuanto más grande es el sombrero, mayor es la autoridad espiritual del difunto y este es enorme. Antiguamente se llenaba un cuenco con agua de lluvia del mes de Abril y se empapaba la punta del sombrero funerario en ella para ofrecérsela a los enfermos.
Dejamos el lugar con la sensación de haber recorrido con  una apasionada mirada una parte importante en la espiritualidad de un pueblo sorprendente.
Por el camino vimos muchas casas pintadas de color turquesa que me recuerda nuestro anterior viaje a Túnez.  El guía nos cuenta  que todo musulmán debe peregrinar al menos una vez en la vida a La Meca, pero si no puede permitírselo se contempla la posibilidad de visitar santuarios menores (como este de Konya) y que 7 visitas “equivalen” a un viaje a La Meca. El color turquesa en las viviendas significa que sus habitantes ya han cumplido su “deber” peregrino.
Ese día almorzamos en un restaurante de carretera donde solo había  turistas.
Estábamos en el mes del ramadan. El restaurante tiene también una bonita tienda de souvenir donde compramos algunas pashminas,  bolsitas de tela bordadas, y  dulces como la rica “barba de dragón”. Hasta que  mi prima Loli se fijo en un pequeño personaje en unos cuentos o fabulas  que no conocíamos entre unos abalorios de cristal, se llama Nasrudin

(Nasrudín)

Este personaje muy gracioso, montado del revés  en su burrito es un antihéroe sufí. Parece tonto, pero se aprende de sus tonterías. Es  un personaje mítico de la tradición popular sufí, una especie de antihéroe del Islam, cuyas historias sirven para ilustrar o introducir las enseñanzas sufíes, se supone vivió en la Península Anatolia en una época indeterminada entre los siglos XIII y XV.
Su origen es medieval y se le conoce en lugares como Egipto, Síria, Irán, Asia central, Pakistán y la India. También en Turquía y Rusia. Su fama se extiende desde Mongolia hasta Turquía, e incluso el sur de Italia, en Sicilia (donde es conocido por el nombre de Giufà) y en Cerdeña, y sus aventuras y anécdotas se cuentan en multitud de lenguas distintas.

Nasrudin es considerado un Don Quijote islámico porque acostumbra a ser cuerdo en su locura y abarca todo el ingenio popular de oriente medio, transmitiendo de forma simplificada las enseñanzas del sufismo.

Loli compro un imán de nevera representando Nasrudin  y algunas cosas más y sin mucha pausa, continuamos ruta, rumbo… Pammukale.

El calor era sofocante,  entrábamos en La región del Egeo, famosa en el mundo por sus ruinas: Hierápolis, (Pamukkale), Efeso, Afrodisia, Troya, todas ellas eran antiguas ciudades prósperas, importantes durante tantos imperios: Persa, Romano y Bizantino.
Ayer millones de personas ocupaban estas ciudades, pero hoy nadie vive allí, solo ruinas y piedras en medio de la naturaleza como íbamos a comprobar.

A lo lejos divisamos unas  montañas blancas brillantes como si las hubieran pintado y barnizado,  piscinas de agua turquesa y cálida incrustadas en las laderas.

Llegábamos a Pammukale.
 
Faltaba poco para que anocheciera cuando paramos ante” hotel Polat termal “ Dejamos las maletas y nos fuimos de excursión por sus instalaciones.Este hotel se anuncia como un 5 estrellas, sin embargo, en mi opinión, no merece más de dos.
 

Al entrar en el hotel, la primera reacción es, "WOW". El vestíbulo es precioso, con piscinas de mármol que contenían tortugas y varios anfibios más, y  fuera una piscina termal con un chorro de agua caliente y bonitos jardines.

Las cosas empiezan a ir cuesta abajo una vez que abandonas el vestíbulo y te diriges a tu habitación. Los pasillos están cubiertos con suelo laminado en vez de alfombra así que son muy ruidosas, las habitaciones son iguales, grandes  con escasos muebles  y bastante sucias.

Si te toca la segunda planta, como fue nuestro caso, tienes que subir las maletas por la escalera ya que no hay ascensor. El  comedor  daba a un patio cerrado con mucha vegetación pero que estaba lleno de bichos. Los gatos perseguían los ratones y las salamandras nos vigilaban desde las paredes del pasillo.

Pero, como siempre ocurre, los defectos por la noche se  retraen entre las sombras y dejan paso a  las vistas que son espectaculares.


Por la mañana una lluvia fina envolvía el lugar.
Después de un desayuno más que regular el guía nos llevo a recorrer la zona.
Considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es sin duda uno de los lugares más sorprendentes y surrealistas de Turquía.

Pammukale: Castillo de Algodón  en turco.

Hace muchos años, ciertos movimientos de placas provocaron la aparición de fuentes de aguas termales con alto contenido en creta, una roca de color blanco que al solidificar fue creando capas y capas hasta formar las laderas, y se formaron terrazas con forma de media luna donde se acumulaba el agua. El azul de las aguas y el albino de los sedimentos calcáreos depositados en el fondo de las terrazas superpuestas crean una visión fantástica.

Y cerca en lo alto  están las ruinas de un no menos sorprendente lugar.



Hay  dos zonas bien diferenciadas: una es el yacimiento arqueológico que visita poca gente,  Hierápolis, y otra es la zona de las piscinas termales que ha modelado el acantilado de una forma muy original. El sitio se puede ver desde kilómetros de distancia.
Nosotras comenzamos visitando el yacimiento arqueológico.

 


Hierápolis fue una ciudad balneario fundada en el siglo II antes de Cristo por el rey de Pérgamo.
De la antigua ciudad santa y curativa  se conservan un gran teatro, el templo de Apolo, los restos de la vía porticada que atravesaba toda la ciudad y, sobre todo, la gran necrópolis.

Según la teoría, la gente que por su gravedad no podía ser tratada en el prestigioso Asclepion de Pérgamo (la muerte no podía entrar aquí, decían) era enviada a las termas de Hierápolis que se convirtió en el destino de un gran número de enfermos moribundos necesitados de las bondades de las aguas termales.
 
Y eso se nota nada más comenzar la visita: la necrópolis es enorme, se trata de la más grande de Anatolia y cuenta con hasta 1200 tumbas. Túmulos, sarcófagos, panteones dan un aspecto casi romántico al inicio del recorrido.
Formas diversas, tamaños grandes y pequeños, sarcófagos destrozados, la hierba creciendo entre tumbas muchos siglos abandonadas, panteones sin techo, y  relieves de Medusa, protectora local, mirándome desde hace 2000 años.
 
 
La Historia se encargó de saquear las tumbas de aquella gente que poblaba esta  pequeña ciudad que llego hasta alcanzar los 70.000 habitantes, una barbaridad para la época.
Desparramadas entre la hierba quemada de septiembre fui descubriendo  aquí y allá columnas, capiteles, restos de decoración. Del Ágora no queda demasiado (o no se ha excavado demasiado). En el horizonte despuntan bosques de columnas y cipreses, una calzada desgastada e infinidad de túmulos, mausoleos, sepulturas y sarcófagos de las más variadas formas y tamaños que se sucedían a mi izquierda y derecha en una avenida de más de dos kilómetros.
Una maravillosa catástrofe de tumbas que dan lugar al más caótico y sugerente muestrario imaginable de monumentos funerarios.
Hierápolis en sus inicios fue una ciudad helenística  reconstruida tras un temblor en el año 17 después de Cristo y que gradualmente se romanizó perdiendo sus características originales.
Después el lugar  fue una importante ciudad  bizantina especialmente tras  la muerte y martirio de San Felipe el Apóstol y sus siete hijos en el año 80 después de Cristo.
En el período bizantino tardío  Hierápolis se perdió en la oscuridad de la historia.
 
 Y de repente entre ruina y ruina me tope con "La puerta del infierno".

Se decía que aquí en la antigüedad  cuando alguien fallecía, Hermes conducía al muerto hasta el río Estigia.  El barquero Caronte lo recogía en su barca y lo llevaba al otro lado donde se encontraba Cerbero, el perro de tres cabezas del mismísimo Hades, dios del inframundo, que le daba acceso al reino de los muertos, y se aseguraba de que las almas allí atrapadas no salieran y de que los vivos no pudieran entrar. Aquel lugar se le llamó la  ‘Puerta del Infierno’
De  camino entre el mito, la religión y la realidad, algunos historiadores, sabios y filósofos aseguraron en sus escritos haber estado a solo un paso del más allá en vida.  Uno de ellos fue el geógrafo griego Estrabón, que en el año 24 antes de Cristo lo describió como “un lugar lleno de un vapor tan denso que apenas permitía ver el suelo” y en el que cualquier criatura que entraba encontraba una muerte instantánea.
Destruida por un terremoto en el año 17,  en tiempo del emperador romano Tiberio, la ‘Puerta del Infierno’ se enterró para siempre  bajo las ruinas.

Casi 2.000 años después, un grupo de arqueólogos italianos aseguran haber encontrado el acceso a la cueva. El hallazgo se produjo por casualidad cuando buscaban  la tumba de San Felipe uno de los 12 apóstoles de Jesús. En su búsqueda de nuevos restos siguieron el rastro de un manantial termal, que les condujo directamente a la mismísima ‘Puerta del Infierno’.                                            
Según parece, la presunta entrada al inframundo mantiene su aura mágico-mitológica intacta más de 20 siglos después gracias a las mortales emisiones de dióxido de carbono que aún emanan de su interior.
El arqueólogo sostiene la teoría  que los antiguos sacerdotes se quedaban deliberadamente a una distancia razonable de la cueva e inhalaban esos gases con el fin de tener visiones                                                                                            
Los peregrinos que visitaban el lugar dormían al lado de una piscina cercana, y cuyos restos también han sido desenterrados junto a las ruinas de un templo. Al parecer, los fieles se bañaban en la piscina y dormía cerca de la grieta de la que emanaban los gases, ya que se creía que de esta manera podían ver el futuro en sus sueños.
La primera  Foto es una recreación de  Discovery Channel / Francesco D’Andria, las dos siguientes son nuestras.
Pasear por estas ruinas  bajo un cielo amenazador, era como entrar en el grabado antiguo de los viajeros románticos… Quede asombrada.  Después bajamos y nos  acercamos a las piscinas termales…

La sensación es muy extraña, tus ojos no asimilan el blanco de las montañas al mismo tiempo que tus pies están cubiertos de agua caliente y turquesa .Para entrar hay que descalzarse y  tener mucho cuidado.                                                                                                
Un cielo gris y una débil  lluvia se reflejaban en los travertinos.

                                      -Pero… ¿Qué haces descalzas en la nieve?
 
Esa es la pregunta que me hacían muchos al ver nuestras fotos en Pamukkale. Mis pies desnudos sobre una capa blanca y brillante sugerían que estábamos en algún lugar nevado. Nada más alejado de la realidad. Lo que pisábamos era cálido y suave… ¿Quién iba a pensar que estábamos andando sobre una capa de travertino en polvo?
 
Suelos y paredes brillan por la caída de agua y tienes la impresión constante de resbalar a cada paso que das, sin embargo, en cuanto posas el pie es como si llevaras ventosas y no te mueves del sitio.  El agua que no para de bajar por unos canalones  en el lateral está bastante caliente, aunque en las piscinas que se han formado no lo está tanto.
 

Lentamente se van recuperando las sucesivas capas de caliza y travertino, creadas durante siglos, por el continuo discurrir de las aguas termales que siguen brotando a una temperatura constante de 35º originando, esa especie de cataratas petrificadas en una sucesión de terrazas y piscinas naturales.

Su color blanco, proveniente del carbonato cálcico que arrastra el agua y blanqueado por la luz solar, vuelve a brillar conformando este espacio natural único. Parece que Pamukkale, a pesar de los daños sufridos por décadas de abuso y mala utilización, vuelve poco a poco a recuperar su perdido esplendor.
 
Las piscinas que hay en el tramo comprendido entre los tornos y la zona asfaltada en la parte superior, es donde termina el cuento de hadas, han sido creadas por el hombre con el fin de cubrir una carretera de asfalto que hace tiempo hicieron para explotar y cargarse el lugar. Construyeron en la parte alta de la montaña hoteles, permitían el uso de las piscinas naturales, el transporte en bici y moto y las aguas termales se utilizaban para los hoteles.
Cuando la UNESCO supo del lugar y de lo que estaba ocurriendo, comenzó su protección. Se derribaron los hoteles, se cubrió la carretera con las piscinas que hoy están abiertas al público y tristemente, se tuvieron que mantener secas otras para no agraviar el problema.
En algunas de las terrazas aun permiten que el agua llegue y fueron las que intentamos fotografiar desde la valla, pues estas no se pueden pisar. Una de las terrazas, la que más nos gustó, aun conserva estalactitas blancas que caen como una catarata congelada.

Se considera hoy como la octava maravilla del mundo. Se presume que los travertinos se formaron en el transcurso de 15 mil años. El agua que brotaba de los manantiales subterráneos a una temperatura de 34 grados  corría por  la llanura de Menderes, con un alto contenido de bicarbonato cálcico, emanando gas de monóxido de carbono, entonces al juntarse con el bicarbonato de calcio, se disolvieron formando así los travertinos de color blanco.

También  puede uno  zambullirse  en las termas de la ciudad de Hierápolis, rodeado de impresionantes ruinas sumergidas  y tomar un relajante baño en la Piscina de Cleopatra.

Estar en este sitio te corta el aliento y uno no puede dejar de observarlo por horas y horas. El cielo se refleja en las transparentes aguas mientras que el blanco refleja los rayos del sol que poco a poco se abrían camino entre las nubes.
Tras despedirnos de las espectaculares vistas de Pamukkale, salimos dirección  Éfesos. Comimos en un restaurante  al aire libre cerca de Efeso y nada más terminar fuimos a visitar las ruinas que sin lugar a dudas merecieron mucho la pena.

Efeso.
Aquí estaba una de las siete maravillas del mundo antiguo: El Templo de Artemisa, en sus tiempos el más grande del mundo. Hoy únicamente queda en pie una colosal columna de 20 metros que da la medida de la grandiosidad y esbeltez de aquel célebre templo. En el Artemisón trabajaron Praxíteles y Escopas, los dos escultores griegos más famosos de la época

El primer templo fue construido en el siglo seis antes de Cristo y en  el 356 a.C., un perturbado y tristemente célebre personaje llamado Eróstrato incendió el templo con el fin de hacer su nombre inmortal. Esa misma noche nacía en Macedonia Alejandro Magno, quien más tarde, a su llegada a Anatolia, se ofreció a hacer una donación para el templo, con la condición de asociar su nombre a él. Sin embargo, su oferta fue rechazada con una respuesta cortés y discreta: "Sería impropio de un dios construir un templo para otro dios.”

Llegó a ser hasta cuatro veces más grande que el Partenón, así como la primera edificación de estos tamaños en ser construida completamente en mármol en todo el mundo.
 Un poco mas allá  llegamos a La puerta de Hércules en Éfeso es el comienzo de la Avenida Curetes que alberga una de las mejores colecciones de ruinas  con características greco-romanas donde en algún momento se refugió Cleopatra de la mano de Alejandro Magno. Fue la segunda ciudad más grande del imperio Romano y se cree que éste era el sitio donde se encontraba el Santuario cristiano.
Las Ruinas y templos se conservan muy bien pero lo más impresionante es su Biblioteca y su teatro. Su biblioteca llegó a rivalizar con la de Alejandría o la de  Pérgamo. Un poco más adelante, vimos las dos columnas que quedan del Prytaneion, donde las vestales guardaban la llama sagrada, el corazón de Éfeso.
 Desde aquí, bajamos por la calle sagrada, cerca esta la fuente  de Trajano con una piscina rodeada por estatuas de Afrodita, un poco mas allá,  nos paramos a admirar el pequeño Templo de Adriano construido en estilo corintio, es una maravilla arquitectónica levantada en el siglo II. Su decoración y los relieves exteriores le dan una belleza singular. Las réplicas de estos relieves (los originales están en el Museo de Selçuk) representan la historia mitológica de la fundación de Éfeso y las hazañas de Androcles, el fundador de la ciudad.

 LA VIA DE LOS CURETES, discurre siguiendo la colina y aunque muy deteriorada sigue conservando el esplendor de antaño.                                   
Recibe el nombre de los “curetes”, sacerdotes, que se dedicaban a mantener vivo el fuego sagrado en honor de la diosa Artemisa-Diana que era la protectora de la  ciudad.  
Se trataba de una calle porticada, con techados al los lados de un  mármol que se calentaba en verano a diferencia del mármol libanés del que estaban construidas muchas de las estatuas que decoraban la calle, situadas siempre entre columna y columna.
 
Las estatuas pertenecían a personajes importantes de la historia de Éfeso.    
Mas la única que se conserva es la de un médico, Aleksandros, que trabajaba en el Asclepion (hospital) de Éfeso.
El “buen pastor” del mundo pagano, Hermes con un cordero, aparece en un miliario haciendo esquina con el símbolo de Asclepios/Esculapio, quien vivió en Pérgamo. Al fin y al cabo, Hermes es el Dios de los comerciantes pero también de los viajeros pastores y ladrones y a él estaba dedicada la bonita plaza que nos encontramos al poco de andar.
Es curioso y la vez divertido imaginar, cuando te cuentan, que los romanos de Éfeso llamaban a la puerta cuando iban a salir de casa, para evitar dar a alguien, pues las puertas se abrían hacia fuera.

 

Desde el Ágora Superior, bajando por esta Vía de los Curetes, se tiene una magnífica perspectiva, divisándose al fondo la famosa biblioteca de Celso.
Se terminó de construir en el año 135, por órdenes de Cayo Julio Aquila, quien dedicó este sitio a la memoria de su padre Cayo Julio Celso Polemaeanus, el procónsul de la provincia de Asia, quien fuera enterrado aquí, en una tumba de mármol dentro de una cámara funeraria, con un permiso especial solicitado por su hijo, pues semejante enterramiento iba en contra de las normas romanas.

La fachada consta de dos plantas con tres entradas en el piso inferior y tres aberturas de ventanas en el piso superior. Las columnas de un lado de la fachada son más cortas que las centrales, dando la ilusión de que la construcción va de mayor a menor.
Las tres entradas están flanqueadas por cuatro nichos con estatuas que representan las virtudes de Celso: Sophia (Sabiduría), Areté (Valor), Ennoia (Pensamiento) y episteme (conocimiento). Se cree que el nicho semicircular en la planta baja frente al portal central contenía una estatua de Atenea.
 
 Que pequeña me sentía debajo el peso de su historia.
Dicen que en la antigüedad custodiaba en su interior del orden de 50.000 pergaminos, convirtiéndose en la segunda biblioteca más importante cuando  Marco Antonio decide regalarle a Cleopatra el contenido de la Biblioteca de Pérgamo. Menudo disgusto debieron tener los habitantes de la antigua capital del Reino.
La Biblioteca presenta un increíble estado de conservación gracias a las restauraciones y el material encontrado en las distintas excavaciones.           
Pasar  por debajo de la fachada después de haberla observado detenidamente y entrar en el interior, e imagínala llena de libros (papiros enrollados supongo o tablillas de cera) por todos los lados. Simplemente impresionante.


Es muy curioso que justo enfrente de la biblioteca, en  la Vía del Mármol que esta formada por grandes losas de mármol en la calzada, si miramos  a mano izquierda en el suelo se puede ver un diseño de lo que se cree es el primer anuncio publicitario del mundo, esta representado por un corazón, un pie izquierdo y una mujer y se interpreta como que mas adelante, a la izquierda hay mujeres con el corazón vació.

 Esa losa anuncia el Burdel, la Casa del Amor, una estructura que no tenía ventanas,  aunque no es cierto que existiera un túnel que conectara ambos edificios como mencionan algunos.
 
Desde aquí  se accede al Ágora Inferior, una formidable explanada bordeada por los vestigios de lo que en su día fueron galerías porticadas en las que se mezclaban filósofos y comerciantes que interactuaban con discípulos y clientes.

Aquí es donde te das cuenta que estamos pues, en la tierra donde nació el pensamiento occidental y comenzó así la ciencia moderna con conceptos como la naturaleza. En este lugar se propició la libertad intelectual, base de nuestra cultura.

Tales de Mileto, el primer filósofo de la historia, y Anaximandro, el maestro de Sócrates así como Pitágoras, o Hipócrates nacieron, vivieron o  pensaron aquí. Igual que Heráclito de Éfeso, el filósofo que nos habló de  la realidad cambiante con esa famosa frase de que no podemos entrar dos veces en el mismo río. Pensamientos como éstos, que ahora nos parecen obvios, supusieron un paso de gigante en la concepción del raciocinio humano.


 
Cruzando el Ágora se llega al que probablemente sea el mayor teatro de la antigüedad y el más grande de Anatolia. Un recinto grecorromano que tenía capacidad para 30.000 personas. Teatros más antiguos ocuparon el sitio que ahora cubre el teatro romano, construido entre los reinados de Nerón y Domiciano. Hay más ruinas, las del  parlamento por  donde hoy se asoman algunas cabras que bajan del monte. La verdad es que es sencillamente espectacular.

Cuentan que fue en este teatro donde San Pablo predicó a los efesios y de ese día se dice que un orfebre llamado Demetrio y sus compañeros artesanos con mas de 20 000 personas provocaron una protesta pública en contra de Pablo, al grito de "¡Grande es Diana de los Efesios!". Según algunos, esta actitud se debía al temor de estos trabajadores a que el cristianismo les fuera a agotar su negocio de vender estatuas de Artemisa a los peregrinos… San Pablo fue entonces encarcelado por escándalo público. Mas tarde tuvo que marcharse de la ciudad, y les lanzó tales improperios en su carta a los Efesios, (Ad ephesios) que en castellano aún hoy se utiliza el término "adefesio" en sentido peyorativo...

Desde sus gradas más elevadas se ve la avenida que desembocaba en el antiguo puerto de la ciudad. Buena parte de las piezas arqueológicas de la antigua Éfeso están en el museo de Selcuk —la nueva Éfeso—, como la muy especial estatua de Artemisa de los mil pechos.
 


 
Una de las cosas que más nos llamó la atención es la zona en que se encuentran los baños donde los pobladores se relajaban y se dedicaban a hacer vida  social. Allí mismo hay unas viejas letrinas de miles de años dispuestas una al lado de la otra en forma de un largo banco con varios agujeros donde la gente se sentaba tranquilamente a hacer lo suyo.
 
Es extraño verlas todas seguidas sin separación entre ellas, y la imaginación nos  hace recuperar la imagen del paciente sirviente que se acerca a las letrinas antes de que su dueño acuda para ir calentando el mármol y coger el mejor sitio, cerca de la fuente de agua limpia…  al parecer era lo mas normal cagar en sociedad, hablando y sonriendo, entre pedo y pedo..! Pero que bárbaro!
 
Por la ciudad habían pasado antes hititas, persas o Alejandro Magno… y después de los romanos pasarían los bárbaros y los turcos, cuando ya desapareció en la Historia. El motivo principal de su declive y abandono es la pérdida de la conexión con el mar. Los depósitos de aluvión del estuario del río Caistro  fueron cerrando el puerto haciendo inviable la navegación. Los efesios nos escatimaron en esfuerzos y existen documentos que atestiguan el drenaje del mismo pero la lucha fue en vano.
 
La ciudad sin puerto perdió su sentido como enclave comercial y poco a poco fue abandonada. Hoy en día ni siquiera se ve el mar desde la ciudad.
 
Curiosidades....El historiador Estrabón, Cicerón y Julio Cesar visitaron en su día Éfeso. Marco Antonio y Cleopatra pasaron un invierno. Los emperadores romanos Trajano y Adriano la visitaron. Antonino Pio, antes de ser Emperador, fue Gobernador de Éfeso y Lucio Vero estuvo allí para luchar contra los Partos. El poeta Calino, el escritor de sátira Hiponacte, el filosofo Heráclito, y el geógrafo Artemidoro fueron personajes célebres de Éfeso
Fue la primera ciudad del mundo  en iluminar sus calles principales por la noche. Sus bien conservados restos nos ayudaron a imaginar la vida en una ciudad de aquellos tiempos, polo de atracción de relevantes figuras como San Pablo y la Virgen María.

Porque paralelamente a los romanos, la presencia cristiana fue importante en esta zona. El Concilio de Éfeso, celebrado en el año 431, dictaminó que San Juan estuvo aquí entre el 37 y el 48 de nuestra era, acompañando a la Virgen María. De ahí se estableció que la madre de Cristo murió en Éfeso y como tal se enseña la supuesta casa donde murió, a unos kilómetros de aquí.
Con motivo de la creación del dogma de la Asunción (palabra equivalente a la Ascensión de Jesús) en 1950, el papa Pio XII proclamó la casa lugar santo, aunque muchos otros papas han ido en peregrinación allí (el último ha sido Benedicto XVI), la iglesia no se ha pronunciado nunca acerca de la veracidad de la presencia de Maria en esa casa.
Quizás les habrán parecido ya demasiado evidentes y sospechosas tantas coincidencias en uno de los lugares de culto pagano más importantes de la historia. Cabe decir que la única "pista" que indica que aquí vivió María, es que una tal
 vidente y monja estigmatizada Ana Catalina Emmerick, identificó la casa en una de sus visiones. Quien sabe…

Han sido dos horas de paseo por las ruinas de Éfeso, hace mucho calor y estamos agotadas. Después de esta visita, nos hicimos una foto con todo el grupo y  nos fuimos hacia  el bus que nos llevaría hacia el aeropuerto de Esmirna a coger el vuelo destino  Estambul. Y así, fuimos dejando atrás otras ciudades como  Troya  que no es sino un arrasado paraje desde el que se vislumbra, a lo lejos, el mar por el que comerciaron y circularon en la antigüedad los barcos que hicieran famoso a tan insigne puerto.

Imagino antes tantas ruinas los pocos acontecimientos de nuestra historia que fueron capaces de inspirar una epopeya, y de ellos, una resalta sobre todos los demás: la “Guerra de Troya” y el ardid más famoso de todos los tiempos: la utilización de un caballo de madera como original trampa para lograr el triunfo y así provocar el trágico desenlace de la batalla.                                                                                                                       
 La leyenda tenía que estar basada en la realidad, Homero no pudo inventarse todo.


En 1871, cuando un millonario prusiano apasionado por la arqueología, descubrió la colina donde se asentaba la antigua ciudad griega ( hoy en territorio turco) estuvo muy lejos de lo esperado. Los restos eran pocos y de escaso valor, quizás debido a las sucesivas reconstrucciones que sufrió la ciudad bajo los diez reinos posteriores.
 
Atrás  dejamos también  Bodrum la antigua Halikarnaso, a lo lejos, se puede ver un  campo de escombros, es lo que queda de una de las siete maravillas del mundo antiguo, el famoso mausoleo de Halikarnaso. Mandado construir como su tumba por el rey Mausolo, que había convertido la ciudad en su capital y la había embellecido, hizo venir a los mejores artistas de la época. Algunos  trabajaron gratis los últimos años, cuando Mausolo y su hermana ya habían muerto, solo por el prestigio.

El monumento fue desmontado por los cruzados para construir el castillo de San Pedro, que edificaron los caballeros hospitalarios de Rodas tras una rápida conquista de la zona aprovechando la debilidad de los turcos cuando la invadía  el gran  Tamerlán.

 Posteriormente el Museo Británico se llevó los relieves que quedaban, con lo que actualmente solo puede verse la cámara funeraria excavada en el suelo.       El castillo es hoy día un museo, y aloja la colección más impresionante de arqueología submarina que hay en el mundo. Tiene varios barcos hundidos con sus cargamentos de época fenicia, romana y bizantina. Incluso un barco que comerciaba con vidrio.                                              
Así que el día dio mucho de si, si tenemos en cuenta las cosas que vimos que fueron muchas.                                                                                                                                     
Al anochecer llegamos al aeropuerto de Izmir para embarcar hacia Estambul. Estábamos cansadas y hambrientas y poco a poco nos fuimos  dormitando en el avión.
Era ya de noche y  llovía cuando llegamos a Estambul.

( Estambul en este mismo blog)
 
 
 
 
 





 
 
 
 
 
 

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